Ella tenía una historia poco afortunada, pero no se trata de buena o mala fortuna en la historia, sino de decisiones. Y, a veces, son medio complicadas tomarlas y -peor aún- sus consecuencias. Pero nada se sabe hasta que las cosas se precipitan. Brenda venía de una familia que vivía en Villa Crespo, fue criada junto a su hermana mayor y su hermano menor. Su papá tenía un comercio que le demandaba mucho tiempo y su madre había dejado su rol como maestra para dedicarse a la crianza de sus retoños. Siempre bajo el yugo de la idea que ella debía ser profesional universitaria y solamente dejar de ejercer para dedicarse a la crianza de los hijos. Y digamos que algo de esto pasó, no llegó a terminar sus estudios y se dedicó a criar a sus hijos.
A la bella edad de 20 años, cursando su segundo año de filosofía, se cruzó con su primer amor: Martín, fue en una fiesta de un centro de estudiantes de alguna provincia del interior. Era un tipo mal criado pero de esos insoportablemente caprichoso producto de una familia muy bien acomodada de La Pampa; estudiante de abogacía en una universidad bien paga. Su vínculo fue intenso desde el comienzo, con todo lo que ello implica, el amor tiene rafagas y en las calmas las diferencias y cuando todo iba a ir a su fin, zas! ¡Un embarazo! El primero fue a los 21 años de Brenda y a los 23 años la segunda vez.
-¿Nunca pensaste en tener hijos?... -Brenda preguntó la duda que tenía para sí. Para ella le parecía extraño que él no tuviera hijos, dado que, ella observaba con el amor que trataba a sus hijos. Él por un momento se perdió entre sus recuerdos, Agustín sabía que no había una respuesta que colme a la pregunta de ella.
-No! -contestó luego de unos segundos- nunca me pensé con un hijo, nunca tuve ese deseo de imaginarme siendo padre. Agustín le era sincero a Brenda.
-Nunca te pasó, tal vez una equivocación... tal vez un accidente… que te hayas hecho la idea que podrías llegar a ser papá? - a ella le interesaba saber el motivo de porque no había sido padre.
-No que yo recuerde… - Agustín volvió a perderse en sus memorias- ¡No! Si hubiera pasado alguna vez, algo de ese tenor sin lugar a dudas lo recordaría… porque hay preguntas que te cambian la vida. - Él tenía esa filosofía aprendida en la noche, entre las virtudes y los excesos. Eso era algo que a Brenda la encendía, era como estar leyendo un libro de Sartre con pinceladas de Nietzsche y Laiseca. La llevaba a lugares que alguna vez ella leyó en algún libro. Después de esa experiencia no hay un retorno posible ¿Sí eso no es amor, entonces qué es?
-Je t ́ aime! -le dijo exaltada con sus ojos brillosos- Je t´aime!, Je t ́ aime!, Je t´aime!! Lo abrazó por debajo de sus brazos y apoyó fuertemente su cabeza contra el pecho de él. Agustín no podía procesar en tan poco tiempo los gestos de amor que ella tenía ¡Brenda era explosiva! (con todo lo que conlleva una explosión). Él no salía de su asombro por la actitud de ella.
-Nunca me puse a pensar en el tema de los hijos. Mi vieja me decía que si hubiera sido por ella hubiera tenido muchos, pero mi viejo no quería saber nada de más hijos… -. él lo contaba con cierta tristeza- y la verdad traer un hijo a este mundo es como mucha responsabilidad, y la única responsabilidad que he tenido en estos últimos treinta y picos de años es que siempre haya alcohol en el bar. A Agustin le costaba hablar de su historia, prefería el silencio antes que lo ruidoso del pasado.
-Te veo cuando estás con mis hijos -ella lo miraba con un amor tan inocente a sus ojos- y te desenvolvés tan naturalmente con ellos que a veces me digo: este tipo debería ser el padre ¡y no el otro forro! A ella solía cruzarse la idea que hubiera sido mejor papá que cualquier otra persona; inclusive que el propio padre de sus hijos. Hay historias que nunca se terminan, algunas por amor y otras tanto, por odio.
-No importa el papá de tus hijos, cada cual resuelve como puede los problemas que hay entre padres, madre e hijos. Si uno muchas veces no está de acuerdo consigo mismo, ¡imagínate con tres personas distintas!- Había momentos donde él tenía esa capacidad de observación tan profunda que demostraban que en la noche hay vida.
-Me duele que Martín se pierda lo genial que son sus hijos; me duele que un ser humano se pierda contemplar lo más bello que tenemos que es compartir la existencia con nuestros hijos, nuestros seres queridos. Brenda deja caer cada palabra como piedras que caen por una pendiente. Sabés que si te agarra una de esas piedras te parte. Ella tenía historias muy oscuras (de esas que te absorben energía), y que tan inocentemente te mezclás con ellas.
-¿Sabes qué? - hizo un silencio por un breve momento cómo ordenando las palabras, él necesitaba abrir su corazón a ella- el día que murió mi viejo fue muy especial. No tuvimos una gran relación, éramos socios en un “vos no me rompes los huevos a mí, ni yo a vos y que cada uno haga la suya”. La relación de Agustin con su padre no fue la mejor. Su padre pasaba muchas horas en el hipódromo, que lo cambió por el bar. Y pese que el bar quedaba en la parte de abajo de donde vivían, las horas compartidas eran muy pocas y de mala calidad -me dijo algo que me cambió para siempre: “Agustín, este hijo de puta, te ama desde el primer momento que supe que venías a mi vida.” -Él se quebró frente a la mirada de ella; su ser había patinado feo y sus ojos se cristalizaron -Ahí me di cuenta de que la persona que más te ama en el mundo, es la que más te va a dañar. Agustin no pudo con su tristeza acuesta. Dejó escapar un par de lágrimas y un suspiro de alivio.
Cara-cruz… Cara-Cruz ... .Cara-cruz….
Ella lo abrazó fuerte, muy fuerte. Quería entrar en él y sacarle la soledad que habitaba dentro de Agustin. Él la abrazó fuertemente y le susurro al oído.
-Deseo que haya un amor que no me lastime… -volvió a tomar aire, la abrazó un poco más fuerte -deseo vivir con vos hasta mis últimos días ¡Te amo!-. Agustín muy pocas veces dijo “te amo” a alguien. Para él significaba dejar todo su ser en esas palabras. Ella se apartó levemente de él, lo miró a los ojos que eran como océanos donde había encontrado la quietud. En este tiempo compartido era la primera vez que Agustín le decía que la amaba.
-Yo también te amo!... -le dijo agarrándolo con las manos en su cara- ...¡y deseo lo mismo que vos! -Brenda nunca había sentido tanto amor por un hombre como en aquel instante. Ella lagrimeó por unos instantes y volvió a abrazarlo intensamente.
Lo que tiene el amor es que logra embellecer cualquier historia de mierda, la cambia para siempre. No hay chances de que sea de otro modo. Pudiste pasar mil situaciones horribles, habitar en los peores infiernos. Pero cuando te tropezas con el amor le das sentido a todo lo que viviste, todo ello fue un complot para cruzarte con el amor en algún momento de tu existencia y que cambie para siempre…
Cara-cruz… Cara-cruz… Cara-cruz…
Continuará…
