El comienzo...
Desde lejos, veía por tv las tormentas de Buenos Aires, esa lluvia copiosa y pensaba, ¡qué buena lluvia! La lluvia de Grande no es lluvia, es molesta y sin fuerza, el viento la licua en su camino al suelo… Anhelaba caminar las calles de Baires con esas lluvias tormentosas -¿Algo tendría que ver con la vida que iba llevando?–
Había llegado a la ciudad de la furia y me había instalado en un pequeño departamento, con pocos muebles, con mucha música para escuchar, con muchos sueños por llevar a cabo. Una tarde de verano, el calor era agobiante, poco a poco el cielo comenzó a ennegrecerse, aquella tarde se canjeó por una noche de arrebato. Se escuchaba por momentos rugir el cielo… ¡Por fin! La tormenta que había visto siempre por tv, estaba ahí, al alcance de mis manos. Luego de chispeantes relámpagos y el último silencio que antecede a la tormenta alguien abrió la canilla y la lluvia se desató como si fuera el diluvio que cuenta un viejo libro.
Me había preparado tiempo antes de venir a vivir acá, tenía mi cassette TDK cinta de cromo de 90 minutos, donde solo había espacio para dos canciones, en aquel entonces toda grabación casera, tenía un toque artesanal, bah, eso lo que los pibes de ahora nunca van a entender! Entre relámpagos y rugidos del cielo, ese aguacero me estaba esperando! Me calcé mis zapatillas negras, me acomode mi bermuda estilo militar -al tono de mis zapas- y me puse una remera rockera que tenía a “gargarita” y al “cadete del espacio” como estandarte! Agarre mi Walkman amarillo patito -no era cualquiera, era uno especial para soportar agua. Pesaba como un kilo!- y busqué aquel cassette que solo había sido concebido para ese momento, siento el ruido de la cajita de plástico que albergaba el cassette abrirse, luego el sonido de la cinta acomodarse dentro del carcasa de plástico, como sabiendo que era su momento… suave pero firme el cassette entró al Walkman, lo cerré con ansias pero no había ruido ahí. Me coloque los auriculares y sentía ese vacío, ese silencio entre los auriculares y mi tímpano, como León en el perfecto asesino, tenía que ser prudente y saber en qué momento apretar play, me había preparado no toda una vida, pero sí unos meses largos… salí de mi dpto, tome el ascensor… y me pare frente a la puerta de cristal del edificio.
Dentro de aquella construcción, un joven sediento de caminar bajo la lluvia fatal de aquel día, afuera porteños corriendo, siendo acechados por el agua, algunos acurrucados en los hall de algún edificio, casi rezando para que alguien terminara con la lluvia. Gire la llave y abrí la puerta… en ese momento me golpeó el calor aliviado por la lluvia, mi corazón se agitó y me gritó ¡es el momento! Mientras mi mano derecha abría la puerta, la izquierda, que sostenía el Walkman escuchó la orden, ese picarón gordito no dudo ni un segundo y apretó el botón de play… mi cuerpo estaba en la vereda siendo perforado por la lluvia y en ese mismo instante los arpegios de “stairway to heaven”, dejaban mi alma en un estado de Nirvana… la droga más poderosa un deseo hecho realidad!
Mi ser se agitaba dentro de mi piel como queriendo salir a jugar con las gotas de la tormenta… comencé a caminar sin rumbo… solo era disfrutar cada paso, cada acorde, cada gota que llegaba a mí… veía como todo en cámara lenta alrededor de mí, los grandes agazapados bajo los paraguas, uno que otro se animaba a dar zancadas para llegar a algún lugar – quién puede pensar que correr hace que te mojes menos?- mis pasos bailan con los charcos que habían en la vereda, mis párpados solían cerrarse por leves instantes… la guitarra de Page jugando con la voz de Plant, que golpeaba contra los parches de Bonham, y los graves de John Paul Jones le dictaba a mi corazón latir… sin más, ni menos mi voz se mezcla con la Plant en ese final épico “and she's buying the stairway to heaven”… ese segundo cruelmente asesino que es la espera entre una canción y otra, se presentó sin más pero antes que mi ser volviera a su lugar, como si la tormenta estuviese dentro de la cinta comenzó a hacerse sentir… sutil golpeteo del hit- hat… un bajo que le ponía melodía a mis pasos y los teclados Manzarek que describían el sonido de la lluvia, nuevamente, sublevaban a mi ser… así fue el comienzo entre ella y yo, entre la lluvia y mi ser…
