domingo, 24 de febrero de 2019

"Los buenos, los malos y los sufrientes"


¿Se puede ser indiferente al sufrimiento? Sin embargo, parece que el sufrimiento adquiere valor según quién lo padezca y quién ejerza ese sufrimiento sobre el otro. Sin lugar a duda, esto es propio de lo subjetivo, la forma más arbitraria y humana —demasiado humana— de manejarse.

No podemos pensar que un sufrimiento es mayor que otro. Hay sufrimientos causados por diversos motivos; sin embargo, las personas muchas veces valorizan el sufrimiento para dar cuenta de algo: “hay gente que está peor que yo” o “lo que me tocó sufrir en mi vida no se lo deseo a nadie”. Pero ¿qué es lo que quieren expresar realmente? A simple vista parecería que hablan del sufrimiento, pero no es así: dan cuenta de algo que está por detrás de su sufrimiento, y es la docta ignorancia.

Nuevamente, el circo de los medios de comunicación nos muestra lo que ocurre en Venezuela. Dependiendo de qué lado de la mecha te encuentres, te van a mostrar una realidad, un sufrimiento determinado. Y desde ahí comienza una interpretación subjetiva del sufrimiento ajeno y, con un poco de coraje, la determinación de una posición frente al hecho. Pero ese posicionamiento no implica un acto de verdad ni de razón: es un acto de empatía (palabra que a los psicoanalistas les cae pesada).

Ahí comienzan a funcionar vehementemente las varas de la subjetividad, sin dar cuenta de que la bella docta ignorancia está detrás de nosotros. A veces, incluso, destiñe una verdad de quien verbaliza su posición frente al hecho. Y, en el mejor de los casos, podemos ser conscientes de una verdad: no saber.
Yemen está sumergida en una guerra civil por intereses religiosos, étnicos y económicos; nos vimos conmovidos por la foto del pequeño Aylan Kurdi, un niño de tres años muerto por la guerra en Siria; el feroz accionar de Boko Haram en Nigeria; o el reciente estallido social en la pequeña y pobre isla de Haití. Podría describir muchas situaciones más. Pero ¿por qué algunos se conmueven por el sufrimiento de nuestros hermanos venezolanos y no por los otros? ¿Por qué ser indiferentes a un sufrimiento y no a los demás?

El destierro de millones de venezolanos nos hizo entrar en contacto con una realidad lejana: subir a un Uber y darte cuenta, por el acento, de que quien conduce es de allá. Contarte lo mal que se vive allá. Pero profundicemos algo: conducen un automóvil de un valor importante, inaccesible para alguien que emigró por problemas económicos. Es decir, trabajan para otra persona, alguien que les “favorece” el uso del automóvil. No trabajan como choferes de taxi (lo cual implica otra reglamentación), sino en un servicio hoy ilegal en nuestro país. En la selección de personal para un negocio, recibí muchos CV de venezolanos que ofrecían trabajar por números por debajo de un sueldo promedio. Incluso conocí a dos hermanos que trabajaban 14 horas diarias, excepto domingos y sábados por la tarde, y el dueño les pagaba una miseria a ambos. ¿Por qué el destierro de millones de venezolanos duele y el de los colombianos no? ¿O el de los miles de africanos que venden anteojos y relojes?

Hoy en día, el sufrimiento de los venezolanos, como el de tantos otros, es igual: ni mejor ni peor. Están en medio de luchas de poder con intenciones diversas. Y ahí comienzan a pensarse los bandos: “los buenos americanos en busca de la libertad de los países” frente a los tiranos “rusos y chinos con intenciones malditas”. Claramente, donde te pares, de algún lado vas a quedar. Esos “buenos” o “malos” son como quienes desprecian la opción de otros, tildándolos de “ladrones porque estás con tal o cual”, “son todos iguales si se juntaban con este o aquel”, sin tener un discurso coherente. Y el problema radica justamente en el discurso coherente.

El discurso coherente, en lo personal, es aquel que está por fuera de los buenos y los malos, sentando una posición más sensata: ir más allá del bien y del mal. Me duele ver y leer cómo miles de venezolanos están siendo utilizados para fines opuestos, porque detrás de ellos —como detrás de cada uno de nosotros— hay un interés determinado. Ese interés nos determina: el deseo, siempre único, personal y verdadero. Y el deseo, como tal, escapa a todo totalitarismo, sea cual fuere. No se puede estar en un lado y en el otro; no se puede decir tal cosa y ser distinto en la vida personal. Hay intereses claros en Venezuela, Siria, Yemen o Nigeria, donde actores pesados juegan detrás, y donde los únicos sufrientes siempre son los pueblos, las personas que hacen a un país. Si me conmuevo por el sufrimiento de los hermanos venezolanos, al menos debo ser coherente con el sufrimiento de los sirios o de los propios argentinos que también sufren.

Y si no se habla de otros sufrimientos, es porque solo interesa uno. Y si solo interesa un sufrimiento, es porque detrás de ese sufrimiento hay un interés que beneficia a quien lo defiende. ¿Cuál será? Puede ser económico, de prestigio, de difusión, de odio, de amor u otros.
Tal vez lo único que creo tener claro es que hay personas sufriendo, y que hay Otros que utilizan ese sufrimiento en beneficio propio. Humanos… demasiado humanos


Diego J. Degratti

domingo, 27 de enero de 2019

Esos pibes no sienten nada...



“Esos pibes no sienten nada
No sienten que se pueden morir
Y nada por vos”
“Indio” Solari- El callejón de los milagros.

Fue un poco complicado elegir la estrofa que anticipe un poco el escrito de hoy, dado que, hay varias canciones que mencionan de un modo u otro algo de la violencia, la agresividad, de esa pulsión tanática que está en nosotros y puede arrastrarnos a la barbarie.

No es un tema sencillo por escribir de forma sintética, porque la agresividad es un concepto amplio y que depende donde se este hablando adquiere una particularidad o una definición determinada. Cuando me iba formando como psicólogo, uno de los test que aprendí administrar fue el PMk (Psicodiagnóstico Miokinético) una técnica bastante precisa para observar como una persona “controla”, “maneja” su “quantum de agresividad”. Dentro de los test proyectivos (aquellos donde se dibuja) una línea muy marcada o intensa en el gráfico puede ser leído como “energía” o “agresividad”, dependerá dentro del contexto que este dibujado. La agresividad está vinculada a la sexualidad, y como lo mencionado anteriormente también tendrá sus correlatos respectivos. Penetrar implica necesariamente ejercer una “fuerza”, una “presión” sobre otro cuerpo. Esa fuerza esta vinculada a la agresividad. También esta vinculada a situaciones “de reacción” para describirlas de algún modo, ejemplo, si yo me caigo hacia adelante y antes de que mi cuerpo se estrelle contra el piso, poner rápidamente las manos para frenar el golpe tiene que ver con el manejo de esa “agresividad”.

Hoy quiero circunscribir el tema de la agresividad a la adolescencia, por que, sin lugar a duda, donde más se manifiesta la agresividad es en dicha etapa. El adolescente vive a flor de piel la agresividad, porque la misma es parte de la formación psíquica, Freud nos habla de un masoquismo primordial, es decir una agresividad vuelta hacia la misma persona. Lacan, en la teoría del espejo, nos recuerdo esa tensión agresiva que vive el infans frente al otro que ve como total. Pero a esa tensión interna, esa agresividad brutal que nos brota por los poros, no tan solo se va doblegando con nuestro desarrollo psíquico, nuestras herramientas simbólicas que iremos desarrollando con el transcurrir de la existencia, sino también el medio que nos rodea nos facilitará o no medios para transformar esta agresividad innata en nosotros.

Nietzche escribe, “La crueldad es el remedio del orgullo herido”, la crueldad es la expresión máxima de la agresividad puesta en juego. Hay adolescentes crueles, y algunos son crueles sin saber que hay en juego en esa crueldad, pero remite un peligro letal, la muerte.  A comienzo de este año, nuevamente se quiso instalar la edad de imputabilidad frente a los hechos delictivos, principalmente donde son hechos de sangre. Pero ¿es el adolescente “consciente” de su “asesinato”? ¡En qué tema me metí!
En unas líneas de Nike es tu cultura, el Indio Solari describe lo siguiente: “Operarios con salarios, de miseria. Diras, ¿Qué importa eso...Tengo trece, quince años... Las Jordan's son para mí”, la primera vez que escuche está canción, me remitió a mi adolescencia. En aquel entonces jugaba al básquet y la NBA era nuestros modelos, Nike o Reebok eran las zapatillas para jugar “bien”, la realidad que en ese momento solo quería tener un par de zapatillas sean de algunas de esas marcas para “pertenecer” a un grupo, si importarme su valor, tan solo era querer ese producto. En ese momento no tenia la “consciencia” de lo qué costaban esas zapatillas, pero no tan solo su valor comercial, sino lo que afectaba en la economía de la familia y siendo parte de una familia numerosa implicaba para el resto de mis hermanos. La situación de no acceder fácilmente a un par de zapatillas me generaba frustración, bronca, ira, de por qué no podía tener tal o cual zapatilla, suerte la mía que mi viejo era conocido del dueño de la casa de deporte y que me compraron un par de zapatillas que usaba para jugar los días de partidos. Sin embargo, sentía esa frustración que se traducía en odio al “no poder tener”, el odio es el sentimiento que cuando se mezcla con la agresividad, lo letal toma mas fuerza.

Un adolescente que se desarrolla en un contexto donde la falta económica, la ausencia de posibilidades, más padres violentos, no puede generar más que alguien que se siente herido en su orgullo, como nos dice Friedrich. Ese adolescente que crece a la intemperie de la violencia intrafamiliar y social no va a tener la menor consciencia de sus actos, en tanto, saber porque lo realiza. Se transforma en un autómata que solo ira por la delincuencia, para tomar lo que no puede tener, inclusive puede asesinar, porque su existencia esta condenada de antemano a la crueldad, por ende, no podemos pretender que él reflexione en su accionar. Sin embargo, no pretendo justificar en absoluto la acción de delito cometido, Slavoj ZiZik dice, que todo delincuente tiene una historia triste, pero no por ello podemos justificar su accionar.

Otro peligro es cuando el adolescente no puede manifestar su agresividad de modo alguno, sino que la misma pareciera crecer en su interior esperando ser resuelta de un modo letal, el suicidio suele aparecer al adolescente un modo de tramitar su agresividad, frente a la inhibición de los medios para expresarla hacia fuera, esa agresividad solo puede ser tramitada contra él mismo. Pero como escribe Manuel Arranz, en el prólogo de “La Muerte” de Vladimir Jankelevitch, “a los veinte años puede uno quitarse la vida, pero no pensar en la muerte, y tal sea esta la razón de los jóvenes suicidas: no piensan lo suficiente en la muerte.” No podemos desconocer que la agresividad está en nosotros desde el momento que nos constituimos como sujetos, personas, individuos y vamos con ella hasta el último aliento de vida que nos queda.

Podría escribir mucho mas y ampliar más aún mucho de estos párrafos escritos, pero intento ser breve, pero no ha sido posible. Hay una salida que pacifica a la agresividad en nuestra existencia, primero reconocer que ella nos habita, que esta al servicio de uno mismo en cualquier instante. Segundo, no juzgar a la agresividad, ella no es buena, ni mala, ese valor moral estará brindado por el contexto y dentro de donde se desarrolle. Entender que en la medida que acompañemos el desarrollo del infans hasta la adolescencia, brindando herramientas simbólicas (la palabra como fundamental) la agresividad va a tener medios mas apropiados para manifestarse. Escuchar a un adolescente cuando esté esta desbordado, tanto en su accionar como en su silencio, porque lo letal de la agresividad se puede desencadenar.

Me quedo con ganas de escribir mas sobre la adolescencia y la agresividad, seguramente será parte de otros escritos, porque siempre va a faltar algo y ahí donde falta, se genera el deseo. Y donde habita el deseo habita la existencia…

Diego Degratti

Textos: Nietzsche Friedrich. “Fragmentos Póstumos Volumen II”
            
 Slavoj Zizek “En defensa de causas pérdidas”
             
Vladimir Jankelevitch. “La Muerte”


martes, 22 de enero de 2019

Apuntes del Alma.



“Y pensar que no va todo tan mal
sin embargo no puedo mirar
un maldito amanecer.”
Sin hilo - Las Pelotas.

Mientras leía libros sobre la temática que luego dejé plasmado, en la difícil terea de decir adiós, siempre tenía un pequeño libro al lado mío donde iba anotando frases o ideas que me generaban los textos y los dejaba ahí, porque tal vez podría usarlos en el momento de escribir. Tengo cierta fantasía de en algún momento pasar los apuntes a otro cuaderno, emprolijar la escritura, inclusive limpiar hasta aquellas “ideas” que no me gustan. Sin embargo, frente a esa fantasía de ordenamiento, algo adviene a mí y esa fantasía desaparece.

En este derrotero de libros leídos, tuve la felicidad de haberme encontrado con autores sobresalientes, y otros no tantos, pero que aún en su pluma débil algo me dejaron. Uno de los libros que me cautivó intelectualmente -otros me cautivaron el alma!- fue “fenomenología del Espíritu” de Hegel. Creo que es uno de los libros que hay que leer antes de abandonar este trip, tomarse el tiempo, la paciencia, con un cuaderno al lado ir a notando, dudas, preguntas, buscar definiciones y tantas artimañas más para lograr aprovechar profundamente este libro. Bien, quiero traer una cita de este gran libro; “La acción de la autoconciencia es sólo según uno de sus momentos una acción del deseo”, un concepto que sobrevuela la obra de Hegel es el de historicidad. El comentario nerd es, no es claro la traducción, para algunos el concepto es histórico, para otros historicismos. En Heidegger es más claro el concepto de historicidad. 

De todos modos, el concepto de histórico u historicidad es profundamente complejo y estoy a punto de cometer una aberración en hacer una síntesis brutal; la historicidad es la puesta de lo recorrido por el individuo, sujeto, persona, desde su nacimiento y todos los efectos – afectos agregaría yo- que alguien “vive”, “experimenta” como Dasein, es decir, aquello existido desde el nacimiento hasta el momento actual, la historicidad es una actualización simbólica de la existencia.

Y ya que nombramos al Martín –“Ser y Tiempo” uff, otro gran libro- nos deja escrito lo siguiente, “La comprensibilidad afectiva dispuesta del estar-en-el-mundo se expresa como discurso. El todo de significaciones les brotan palabras, en vez de ser las palabras las que, entendidas como cosas, se ven provistas de significaciones.” Cómo no amar a la sabiduría, si cuando te cruzás con estas genialidades hacen del saber un amor intenso. Y es el momento de citar nuestro héroe francés, Jaques Lacan, “todo uso del lenguaje, sea cual fuere, se desplaza hacia la metáfora, que no hay lenguaje más que metafórico… toda designación es metafórica”. ¿Y ahora qué? ¡Es el momento de agitar la coctelera y servir el trago!

Hay una diferencia abismal entre la terapia y el análisis, el primero tiende a la solución momentánea, en tanto el segundo, tiende al deseo de forma permanente. Bien nos dice Hegel, que esa “autoconciencia” es la capacidad de reflexionar sobre sí mismo y su saber – lo va a vincular con el saber, el objeto y el deseo- tiene que ver con el deseo. Deseo de saber más de uno, de la historia de uno, de qué soy. Por esto – y más- el psicoanálisis no es para cualquiera; más allá de las apreciaciones que Freud realizó en su momento para quienes era el análisis -cierto grado de intelectualidad era una de las condiciones- realmente quien quiere enfrentarse a saber quién es, tiene que haber un deseo de saber, ir más allá de lo que uno supone saber de sí mismo. Nuestra historia se construye cotidianamente con Otro y otros que nos van a influir, nos van a dejar algo en nosotros que se transcribe en palabras, como dice Heidegger esas palabras tiene que ver con el afecto de la existencia, con el estar-en-el-mundo, pero palabras que van más allá de la palabra misma. Por eso Lacan nos enseña que cualquier forma de lenguaje es metafórico porque ahí hay un construcción por ser descubierta y luego transformarla en una metáfora que nos vincule con el deseo de algo más allá de la palabra.

Somos un apunte, que Otro nos fue inscribiendo. Con intencionalidad a veces, y otras no. Con afectos intensos como el amor, pero también con angustia. Somos un apunte que no se trata de volver a transcribir lo que hay escrito en nosotros, sino aprender a leernos con nuestros defectos, y en la medida que aprendemos a leernos, tomamos aquello que nos es útil, y aquello que no lo dejamos ahí, a sabiendas que está ahí esperando por ser leído en algún momento de nuestro existir.

Diego Degratti

Textos: “Fenomenología del Espíritu” Hegel. Pag. 267.

“Ser y Tiempo” Heidegger. Pag. 202.

“Seminario 18” Lacan. Pag. 42-43.

Canción: Sin Hilo las pelotas. https://www.youtube.com/watch?v=CC4aCEMjvuc

domingo, 13 de enero de 2019

Palabras de fe



“Hay una luz, en esa cruz, la luz que los locos ven
Hay un ladrón en esa cruz, actúa en la eternidad”
Indio Solari- No todo lo que reluce es dios.

Las palabras no son cualquier cosa, tal vez en la medida que uno aprende a vincularse con el mundo afectivo, entiende que un modo de conectarse son las palabras. “Mi palabra vale oro” y un apretón de manos, era el documento mas preciado en algún momento de la historicidad de la humanidad. Pero alguien habrá fallado a su palabra o alguien desconfiaba de la palabra de otro. ¿En qué momento dejamos que las firmas y documentos tengan mas valor que nuestra palabra? Bien no lo sé, pero que el Capitalismo algo tiene que ver, no tengo dudas.

Hay un acto de fe, en las palabras. ¡Que difícil puede ser hablar de fe para un hereje como yo! Sin embargo, soy un Hombre creyente. La fe solo puede ser concebida con un respaldo Real, Dios. ¿Sin Dios, no hay fe? Pero la fe mueve montañas, sin la necesidad de creer en un Dios, nos hemos apropiado de ella. “Te tengo fe!” no es acaso un modo de decirle alguien que queremos, que le va a ir “bien” en algo, que creemos en aquella persona que debe enfrentar algo. Hoy en día y hace un tiempo atrás, la fe no esta vinculada a la idea de Dios, se puede tener fe -como Palito Ortega- sin ser una cuestión religiosa.

Santo Tomás, tuvo la genial idea de “amigar” la fe con la razón, bah, la razón con la fe. Umberto Eco dice que “Santo Tomas no aristoteliza el cristianismo, sino que cristianiza a Aristóteles.” Nuestro filosofo escolástico. La fe para Santo Tomás es un “acto de entendimiento por el cual se aceptan o asientan contenidos intelectuales revelados cuya verdad está garantizada por la razón de Dios.” Es decir que en nuestra razón como nuestros actos de fe el garante va a hacer Dios.

Una gran película es el “Gran Pez”, que tiene varios caminos que se podrían recorrer, quiero situarme sobre una escena donde el hijo inquiere al padre, donde le dice que necesita saber quién es su padre, cuyas historias son falsas, que era entendible las historias de chico, pero hoy necesita saber quién es su padre. El padre le dice que es así desde el día que nació, que si él -su hijo- no le cree, que no es su culpa. “Los dos hacemos cosas parecidas, yo cuento historias, tu la escribes”, le dice el padre a su hijo.
¿Qué tiene que ver todo lo escrito hasta el momento? La fe, dejó de ser algo religioso, las personas pudieron adueñarse de un “sentimiento” que carece de razón. Santo Tomás, buscaba pacificar la dualidad de aquel entonces entre Dios y el saber. Pero qué es la representación de Dios, ni más, ni menos que un Padre. La figura de un Padre es una metáfora que conlleva un orden. “Es en el nombre del padre donde debemos reconocer el soporte de la función simbólica que, desde la aurora de la historia, ha identificado su persona con la ley.” El Padre nos ordena bajo una metáfora, bajo un nombre, bajo un significante, bajo unas palabras. El acto de fe es creer en ello, que en algún momento de nuestra existencia serán puestas en “dudas”, “en controversia”; inclusive Jesucristo en su crucifixión dice “Padre, me has abandonado”.

Inquirir la ley, es saber sobre nuestro deseo, de aquello que nos moviliza hacia algún lugar nunca escrito y que jamás se escribirá. Porque escribimos con palabras, somos palabras de Otro que tiene una existencia y a su vez es ausente. Hay ausencias que realizan estragos, como presencias estragantes. “Señor, no soy digno de que entres en mi casa; pero una palabra tuya bastará para sanarme”, y de eso se trata el psicoanálisis, de curar a través de la palabra. Porque las palabras curan cuando llevan el sentimiento anudado. Sí, soy creyente, creyente en la palabra que cambia el rumbo de un hereje errante sin prisa a un final que es para todos igual, y que aún tengo fe en aquellos que se suben a la travesía de un análisis…

Diego Degratti

Textos: Santo Tomas. Gredos
            Escritos 1. Lacan

Foto: El Gran Pez.

Canción: https://www.youtube.com/watch?v=--9ePR0AYwA

Escena de la película: https://www.youtube.com/watch?v=bt501BExWp8

domingo, 6 de enero de 2019

Palabras de amor



“Pero dos que se quieren, 
se dicen cualquier cosa”
-La hija del fletero-
Patricio Rey y sus redonditos de ricota
-

¡Qué difícil sea hace escribir cuando queremos hablar sobre el amor! Es que el amor y la muerte
comparten la dimensión de lo inefable, y esa imposibilidad de la palabra para describir algo del amor nos deja en un lugar de vaciamiento, tal vez por que el amor apunta al vacío, ¡el amor es vacío!
La dimensión del amor es amplia, porque el amor no es reductible, pese a los nombres cuantificables que suele dársele -te quiero, te quiero mucho, te amo, te amo mucho- el amor no tiene medida ni tampoco es a medida! “Si no hay amor que no haya nada entonces, alma mía no vas a regatear!” nos dice el Indio en el tesoro de los inocentes.

El amor no es cuantificable, por una sencilla razón, el amor es vacío; y acaso, ¿podríamos cuantificar el vacío? ¿Pero por qué necesitamos cuantificar algo que no lo es? Porque simplemente, estamos doblegados por la cultura, aquello que nos hace humanos, también nos cuarta en nuestra libertad. Pero también es cierto, que esta forma de cuartar la libertad es menor o bien, tampoco es que va a generar un grave problema en nosotros… ¿o no?
“Pienso en usted… … una lengua en la que uno pudiera decir: amo en usted” Aquí Lacan implica el pensar en el otro en relación con el amor. Cuando pensamos en alguien es un modo de amar, porque el recuerdo de alguien se logra porque el afecto -amor- deja una impronta en el Sujeto -individuo/persona- porque esta aflicción es la base del vinculo mas primario y el necesario -junto al deseo- para que un Sujeto se constituya como tal.

Si abrimos la puerta del amor, dentro del aquel espacio puede tender a lo infinito y nuestra constitución es finita, así de complejo y difícil es hablar sobre el amor. Voy a tratar de no irme lejos, para circunscribir el tema de amor. Por esto el lenguaje nos ata a algo, siempre estamos sujetados a la palabra para dar cuenta de algo que en sí lleva un vacío, una perdida entre las palabras.
Cuando el amor aparece, necesitamos de algún modo, circunscribirlo, tendemos a poder limitar aquello que no tiene límites que es el amor, por eso se recurre al te quiero como primer paso, como para poner de sobre aviso al portador del afecto como una señal que hay que controlar lo más rápido posible, ¡porque el amor es cosa sería! No hay diferencia entre un te quiero y un te amo, bah, su diferencia en sí es gramatical y simbólica en el sujeto, para poner coto a una emoción poderosa como es el amor. Pero en tanto afecto, ese te quiero y te amo, es igual, porque es solo amor lo que colman esas palabras.

Usar palabras para hablar de amor, es el intento que tenemos de metaforizar nuestras emociones, un te quiero o te amo, es metaforizar lo que nos conmueve del otro. El amor es una metáfora que pacifica las pasiones y cuando estas no se pacifican en la metáfora, ahí comienza el Pathos, en tanto como aquello que nos enferma “de amor” o “por amor”…

El amor no tiene que ocupar el lugar de borrar la diferencia entre dos, sino dejar paso a la posibilidad de aceptar la diferencia del otro para que se juegue el orden del deseo; porque el amor es metáfora y el deseo es metonimia, si logramos a través del amor dar el vacío a la diferencia entre “nos” surge indefectiblemente el deseo, “transmitir la falta que le da lugar al deseo de estar juntos… … Y el amor continua, podríamos decir, fortalecido a partir de lograr transmitir esa imposibilidad de completar al otro.”

Algo del amor escribí, pero aún queda mas por contar sobre los “mal de amores” y “las pasiones irracionales del amor”, en otro momento volveré a escribir sobre el amor, porque solo sentado frente al vacío de la pantalla, el deseo de escribir, es deseo de amar a la palabra, aún sabiendo que nunca va alcanzar…

Diego J. Degratti.

Textos: Seminario 20 “Aun” pág. 127. Lacan
             
“El amor es vacío” pág. 36-37. Luis Darío Salamone.


El último reproche

—¿Una terrible consecuencia puede suceder? Ella le susurró al oído a Carlos. Él la miró con desconfianza y se apartó unos centímetros. Romin...