miércoles, 1 de abril de 2026

El último reproche


—¿Una terrible consecuencia puede suceder?

Ella le susurró al oído a Carlos. Él la miró con desconfianza y se apartó unos centímetros. Romina sostuvo su mirada, como afirmando lo que acababa de decir.

Un instante desolador atravesó a Carlos.

—¿Será posible? ¿Será otro de sus engaños? —pensó.

Tomó los brazos de ella; en el iris de sus ojos amanecía la ira.

—No será otro de tus engaños, de esos a los que me tenés acostumbrado —la voz de Carlos retumbó en la habitación—.

Ya no creo en vos ni en nada de lo que digas. ¿Me escuchaste? Hablo en serio.

Cada palabra era una descarga de odios acumulados. Los ojos de Romina dejaron caer un par de lágrimas; su voz se quebró.

—Es en serio. Sé que te cuesta creerme, pero es así. Puede suceder lo más terrible, y vos lo sabés bien.

Carlos la soltó. Su cuerpo se deslizó hacia atrás, lentamente, sin dejar de observarla. Sus ojos parecían decorados con gotas de cristal.

—Siempre es lo mismo… siempre sucede algo cuando yo elijo.

Retrocedió hasta tropezar con una silla y se desplomó sobre ella. Miró el suelo, tomó su cabeza entre las manos. Ya era demasiado tarde para su amanecer: el sol de la ira crispaba en el horizonte de su mirada. Sus dientes rechinaban. Las lágrimas comenzaron a salir sin permiso. Movía la cabeza intentando descreer lo que ella había dicho.

Romina se acercó, se arrodilló y, entre lágrimas, volvió a susurrarle:

—Es así, mi amor…

Sus manos lo acariciaron con una compasión temblorosa.

Carlos se recostó en el respaldo duro de la silla. La miró directamente; Romina no soportó la mirada inquisidora y desvió los ojos.

—Esta vez no voy a caer en tus mentiras. Ya no. Nunca más. Me juré una y mil veces que esto sería así.

El tono de su voz eran cachetadas para ella.

—¿Por qué corrés la mirada? ¿No soportás que descubra tus mentiras? —pensaba él, mientras sus lágrimas se volvían un torrente de tormento.

Los minutos se marchitaban. Una nueva hora florecía en la madrugada de aquella noche sombría, más oscura de lo que la confusión permitía.

Carlos sentía que nada de eso podía estar sucediendo. Miró el cielo raso; sus lágrimas caían al piso. Se levantó bruscamente y el cuerpo de Romina cayó al suelo.

Ella se atemorizó. Pensó que todo podía suceder esa noche. Él caminó hasta la ventana del departamento, iluminado apenas por una media luz. Secó sus lágrimas y miró perdidamente los edificios.

El silencio no tardó en llegar. Ella seguía con miedo; él, confundido.

Romina se levantó sin que él lo notara. Caminó hasta la cocina, abrió la gaveta de los cuchillos, tomó el más grande y se vio reflejada en el filo.

Carlos cerró los ojos buscando un instante de paz, pero era imposible. Sacudió la cabeza, abrió los ojos y volvió a perderse en la ventana.

Ella regresó con el cuchillo oculto bajo un diario viejo sobre la mesa. El mango gastado apenas se veía.

—Sé que todo esto es raro, pero no encuentro otra manera de decírtelo —su voz se transparentaba en el silencio que oficiaba de testigo de la angustia de él.

Carlos cerró los ojos y un recuerdo leve le robó una sonrisa. Romina, al verla, empezó a temblar. Todo podía suceder en ese relámpago de confusión. Buscó que su mano quedara cerca del arma escondida.

—Sabés, Romina… todo vuelve a comenzar de nuevo, una y otra vez —dijo él con un aire de compasión—.

Cuando lo nuestro empezó me pregunté mil veces hasta cuándo tus mentiras, si alguna vez me hablaste con la verdad. Y ahora esto…

Una risa sutil escapó de su boca.

Gotas de transpiración nacieron en la frente de ella. Sus manos húmedas revelaban un temblor creciente.

El silencio volvió. Ella lo observaba, esperando lo peor. Él seguía inmóvil frente a la ventana.

De pronto, una carcajada irónica estremeció la habitación. El terror se abrió paso en ella.

Su mano buscó el mango del cuchillo, pero algo la inmovilizó. Carlos se dio vuelta: en sus ojos ardía un mar de fuego. Su rostro se había transformado; la carcajada se volvió una risa oscura.

Ella lo miró, presa del pánico.

—Sabés, mi amor… hoy es la última vez que discutimos. Hoy escuché tu último reproche.

Carlos había sentenciado a Romina. ¿Cuál sería la condena?

Ella no podía creer lo que veía. El miedo corría por su cuerpo. Su piel se erizó; sus ojos se llenaron de perlas.

—¿Qué te pasa, amor? —preguntó ella, temblando.

Carlos se acercó, tomó su cuerpo inmóvil y la arrojó contra la pared. Lo peor aún no había llegado.

Ella golpeó su cabeza; un hilo de sangre caminó por su oído. Apenas pudo emitir un alarido.

Carlos avanzó sobre ella y comenzó a golpearla mientras reía y lloraba, susurrándole:

—Este es tu último reproche… este es tu último reproche…

Romina no tenía fuerzas para defenderse. Solo pensaba en el cuchillo.

La situación se desbordó: gritos, súplicas y golpes invadían el departamento.

—¡Romina! ¿Qué pasa? —se escuchó desde el pasillo.

Los golpes en la puerta se mezclaban con los gritos. Ella solo pensaba en el cuchillo. En un instante de desconcierto logró escapar. Llegó hasta la mesa, tomó el arma y se la mostró a Carlos.

Ambos quedaron frente a frente, mirándose fijamente.

—¡Romina! ¿Estás bien? ¿Qué pasa ahí dentro? —insistía la voz detrás de la puerta.

Ella no podía responder.

—¿Qué vas a hacer, mi amor? —preguntó él, casi tímido.

—Si algo me pasa a mí, también te pasará a vos.

Una gota de sangre cayó sobre el cuchillo. El reflejo de ella se tiñó de rojo.

Sus miradas lo decían todo: odio y amor mezclados; rencor y venganza iluminando sus ojos.

Romina gritó y se arrojó sobre él. Un ruido de cristales estalló mientras lo apuñalaba una y otra vez.

Él reía. Ella perdía fuerza.

—¡Romina! ¿Qué pasa? —la voz insistía, intentando entrar.

Romina ya no podía más. Sus manos estaban teñidas de rojo. Contempló la escena: ella sobre él, ambos entreverados en sangre. La mirada de Carlos se había apagado.

Sonrió con su rostro manchado, se inclinó y le susurró:

—Te dije, amor… algo terrible podía suceder. Y esta vez no te mentí.

Luego se desplomó sobre él. Cerró los ojos. Un último suspiro escapó.

—¡Romina! ¿Estás bien? ¿Qué pasa? —insistió la voz.

No hubo respuesta.

El vecino tomó impulso y golpeó la puerta. En el tercer intento logró entrar.

El departamento era un cuadro desolador: muebles manchados de sangre, una luz tenue iluminando lo más triste.

El cuerpo de Romina yacía en el suelo, con un puñal en el abdomen. La sangre dejaba ver los múltiples cristales de un espejo roto frente a su rostro sereno..


lunes, 27 de enero de 2025

Sexualidad y política.


 

La sexualidad nada tiene que ver con la política, por más que se la suele utilizar para un lado u otro. El error más grande es pensar en esa dualidad de izquierda y derecha, asociando la sexualidad a un pensamiento político. La sexualidad es un devenir en el sujeto humano, que se va desarrollando por diversos fenómenos que se dan previo al nacimiento, durante la gestación y su posterior desarrollo. Incluso esta nunca se va a terminar desarrollar como si fuera un producto. La sexualidad es una manifestación del ser, son en sí inseparables. El ser es una construcción sin final, porque la muerte es solo el punto de final del ser, provocando que sea incluso y si existirá una eternidad, el ser seguiría siendo incompleto cómo la sexualidad.

La utilización de la sexualidad como banderas políticas -a favor o en contra- es parte de la historia de la humanidad, no podemos omitir esto. ¿Por qué se utiliza cómo bandera política? porque cómo mencioné anteriormente, la sexualidad es en sí una manifestación del ser. Por ende, la manifestación de la sexualidad es un modo formal de la libertad individual. Esa libertad del ejercicio de la sexualidad es apolítica, pero cómo la sexualidad es una parte fundamental del ser humano, se la utiliza solo y exclusivamente para intereses particulares para sostener el poder. además, que se utiliza la misma sexualidad para mostrar a una persona con ciertas características.

Hemos visto la recomendación a políticos de edad avanzada tener parejas más jóvenes y si además logran embarazar a la misma aumenta la idea positiva sobre él mismo, es asociar la figura de ese político cómo un hombre viril, fuerte, como ser poseedor de un deseo grandilocuente, que pese a su edad aún es un animal vigoroso. Cuando el político, no tiene hijos, ni pareja estable, la recomendación es que se muestre con diversas mujeres para dar una imagen también de un hombre viril. Claramente que, si esto se lo pidieran a una mujer que se muestre con diversos hombres, tal vez, la mirada sea diferente y no de forma positiva. El ejercicio de la libertad de la sexualidad en sociedades de tinte “machista” verán ese ejercicio en la mujer cómo promiscua, dando una imagen negativa. Claramente que la valoración positiva o negativa no es por las acciones o decisiones políticas, sino por el ejercicio de su sexualidad.

Lo que una persona decida hacer de su sexualidad es en sí un hecho personal, mientras logre ejercer su sexualidad de forma responsable sin lastimarse a sí mismo, ni a terceros, nadie tiene la autoridad de intervenir en ese ejercicio de la libertad personal. La ignorancia, desconocimiento y también intriga sobre la sexualidad hace del sujeto humano un cóctel explosivo. Es claro que utilizar la sexualidad para ir en contra o favor de diversas personas, solo comprueba una verdad, que la sexualidad es poder. Pero es ahí donde debemos separar lo público y político, de lo privado y la ética personal.

Son las políticas públicas sobre la información de diversos modos sobre el desarrollo sexual y la manifestación de la sexualidad que permite ir brindando el ejercicio de la libre elección, sin condicionamientos la posible que un ser humano pueda lograr ejercer responsablemente su elección sexual. Nadie convence a nadie de lo que siente en su interior.

El respeto por el ejercicio de la sexualidad de manera responsable permite una sociedad más sana y sin el desarrollo de odios. Cuando las mentes están enfermas, seguramente vean todo de manera enferma. No debe interesar si es de derecha o izquierda, si es heterosexual o homosexual, si es transexual o travesti, sino aceptar y respetar la condición humana y sus diferencias en la sexualidad cómo en todos los ámbitos, sin que sea un agravio, un daño para sí y terceros. La democracia y la libertad son elementos fundamentales para el ejercicio de la sexualidad sana de una sociedad determinada.


miércoles, 4 de octubre de 2023

"La jaula"



"La jaula"

Cierto día, alguien me regaló una jaula con un pájaro.

-Mira, te doy esto porque cada vez que voy a tu casa, está todo en silencio, le falta como más vida, así que cuídalo!

-Esta bien! y cómo se llama? ¿Qué cuidados tiene?

-Pone el nombre que quieras, y podes aprender a cuidarlo cómo quieras!

Ahí estaba, la jaula -mediana, no muy grande, ni muy chica, tal vez cómo la cárcel perfecta- dentro aquel pájaro de belleza sutilmente exótica y yo mirando fijamente.

-Para que mierda acepte! Y ahora cuidar este pájaro!! Mis pensamientos giraban ahí, en la jaula y el nuevo compañero. 

Así pasó el día, yo sentado frente a la jaula y a mi nuevo compañero, lo escuchaba cantar, lo observaba volar de un lado a otro de la jaula. Por momentos mi mirada dejaba al plumífero y miraba el cielo desde mi ventana y sentía esa inmensidad en mi ser.

-Sabrá este pequeño pajarito de esa libertad tan inmensa? ¿Sabrá volar con el viento en contra? Bajo la lluvia? Qué sabrá este pequeño… ahí dos seres tan distintos pero en algún lugar tan iguales.

Los días se sucedían, él me brindaba su canto y sus aleteos, yo cumplia con el alimento y el agua; solía dejarlo cerca de la ventana como para que viera todo aquello que jamás podría tener, o bien yo creía que no podía tener. Me iba y cómo si supiera que por un tiempo me ausentaba, me regalaba una bella canción, una melodía que tarareaba camino al trabajo. Cuando mi trabajo era un poco tedioso recordaba la melodía y algo dentro de mi se tranquilizaba. De vuelta en casa, mi compañero cantaba más intensamente y volaba con agilidad de un lado al otro de la jaula, como dándome la bienvenida. Preparaba mi cena y me sentaba frente a la jaula; y el pequeño turaco se quedaba inmóvil frente a mi, observando cenar, grácilmente solía mover la cabeza de lado a lado, y cuando yo le decía algo, automáticamente se “picaba” el pelaje, tal vez cómo decirme, ah! mira vos…

Así eran nuestros días, casi como un contrato, mis mañanas y noches eran decoradas con el canto meloso y el vuelo de mi compañero, en tanto yo, le daba de comer, de beber, en sí, lo protegía, era un modo de mostrarnos afecto. Un día me llamó aquel que me había regalado el pequeño Turaco.

-Y querido? ¿Viste lo que es?

-¡La verdad si! hacemos una buena compañía el uno al otro, mi casa se ve de otro modo, mi vida tiene otra forma, gracias!

Así eran nuestros días, desayunaba unos mates frente a la ventana, mientras él cantaba y volaba de tanto en tanto. Me marchaba y dejaba su mejor canto como una despedida, regresaba y el festejo de sus aleteos eran los abrazos que me entregaba. Un domingo me desperté, más temprano de lo habitual… prepare mi desayuno… llegue al living dejando todo sobre la mesa… corrí las cortinas, abrí de par en par las puertas de mi balcón… ese sol de primavera, que sabe cómo golpear correctamente… y ese inmenso cielo tan celeste… Puse en la mesa la jaula con mi compañero; él cantaba como si fuera su primera vez. Lo miraba fijamente, mientras sostenía un mate en mi mano; de tanto en tanto, él volaba de un lado al otro de la jaula. Fue un instante, y el pequeño pájaro se posó en su percha. Lo mire, me miro, nos miramos…

-Cuál fue tu libertad? ¿Qué fue lo que pudiste elegir? susurré entre mis dientes, mientras él movía su cabeza de lado a lado como queriendo escuchar aquello que había dicho.

-Ahí está la libertad soñada -señalaba el cielo que acechaba mi ventana- ahí todos somos un grano de arena! ahí solo se puede sentir! el susurro quedó atrás y mi voz era más sutil, pero aún guardaba cierto temor…

-Me imagino; que de una jaula a otra te han pasado, maldito ser humano! maldito hombre! Quien es capaz de privar la libertad! quien es tan cruel de cortar el vuelo de la libertad, quien más, que el mismo hombre! mi voz en aquel momento era intensa, tanto que él, voló contra la reja de su jaula, como si quisiera decirme algo.

-En este tiempo, te di mi afecto, te di lo que mejor puedo darte y tú en tu encierro me diste lo que mejor podrías darme? ¿Puedo alguien encerrado dar lo mejor? ¿Puede alguien que no conoce la libertad dar lo mejor? en ese instante mi aliento se aceleró y el corazón golpeó fuerte contra mi pecho; él con más fuerza golpeo contras las rejas de su jaula, nuevamente. Me abalance contra la jaula, tomándola con furia, mire en lo profundo de esos ojos negros..

-¡No soy yo, quien te retenga! no puedo ser de esos tipos, a los cuales siempre critique; no soy tu dueño, tan solo puedo darte aquello que aún no conoces, tu propia libertad! En ese momento abrí la jaula dejando la puerta hacia la ventana y tan solo grite:

-¡Eres libre, eres libre!

Entonces aquel pájaro como si hubiera esperado ese momento, salió ferozmente de su jaula, mis ojos brillaban, mi sonrisa explotaba y a viva voz gritaba:

-¡Eres libre, eres libre!

El pequeño pájaro comenzó a volar en redondas en el living, mientras cantaba fuertemente; yo volví a gritar:

-¡Eres libre! Eres libre!

Era feliz en ese instante ver cómo aquel pájaro volaba libremente y cantaba, estaba a poco de escapar por mi ventana y vivir en libertad… Era tan feliz en aquel instante…

Pero de pronto, su canto se apagó y con velocidad volvió a entrar a su jaula… Si hubiera tenido manos, seguramente hasta hubiera cerrado la puerta de la jaula… sus patas agarraron con fuerza los barrotes de la jaula.. Mi sonrisa de golpe entristeció… mi corazón se quebró fácilmente y me desplome en mi silla… 

Miraba la jaula con la puerta abierta, el pequeño pájaro agarrado a los barrotes de su jaula, con una mirada triste, -una mirada de temor?- por lo menos era lo que yo sentía… Pasó un tiempo de ese modo, cómo si alguien hubiera puesto pausa a la situación… luego de tomar mi desilusión entre mis manos, tal vez casi como tirándola por la ventana de mi balcón, cerré la puerta, corrí las cortinas, gire esperando ver al pájaro salir de su jaula, sin embargo, seguía ahí, agarrado a su jaula… No me dejó más alternativa, cerré tristemente la puerta de la jaula…

En ese momento, el pequeño pájaro se montó en su percha, acurrucandose sobre sí mismo, agacho su cabeza, quedando inmovil. Yo respiré profundamente, cerré mis ojos y una lágrima corrió por mi mejilla. Esa noche, no hubo cantos, ni vuelos felices; la mañana siguiente fue igual. Tome la jaula, mire fijamente al pequeño pájaro y le susurre:

-Puedo enojarme contigo? Si tu no sabes lo que es la libertad? Puedo enojarme contigo? Si no sabes vivir de otro modo más que encerrado en tu jaula. Tal vez, quise algo más, algo mejor para tí, tu libertad, pero tú no sabes que es, o bien piensas que tu libertad está dentro de esa jaula… 

Camine unas cuadras y entré al petshop que quedaba de paso a mi trabajo. Le dije al vendedor que no podía hacerme cargo de aquella ave; el vendedor intentó que yo cambiase de opinión, pero no hubo caso, me marché de ahí con mi ser a cuestas…

Cuando salgo a mi balcón y veo la inmensidad del cielo, pienso que fue lo que tanto lo atemorizó… Paso por el petshop, y suelo verlo en la ventana cómo vuela de lado a lado de su jaula, inclusive hasta canta nuevamente… Miro al cielo tan inmenso y pienso… Yo elijo la libertad de mi soledad, aquel pájaro eligió la esclavitud de lo que único que conoce, su jaula...en algún tan parecida a la mía…

 

viernes, 28 de julio de 2023

El comienzo


 El comienzo...

Desde lejos, veía por tv las tormentas de Buenos Aires, esa lluvia copiosa y pensaba, ¡qué buena lluvia! La lluvia de Grande no es lluvia, es molesta y sin fuerza, el viento la licua en su camino al suelo… Anhelaba caminar las calles de Baires con esas lluvias tormentosas -¿Algo tendría que ver con la vida que iba llevando?– 

Había llegado a la ciudad de la furia y me había instalado en un pequeño departamento, con pocos muebles, con mucha música para escuchar, con muchos sueños por llevar a cabo. Una tarde de verano, el calor era agobiante, poco a poco el cielo comenzó a ennegrecerse, aquella tarde se canjeó por una noche de arrebato. Se escuchaba por momentos rugir el cielo… ¡Por fin! La tormenta que había visto siempre por tv, estaba ahí, al alcance de mis manos. Luego de chispeantes relámpagos y el último silencio que antecede a la tormenta alguien abrió la canilla y la lluvia se desató como si fuera el diluvio que cuenta un viejo libro.

Me había preparado tiempo antes de venir a vivir acá, tenía mi cassette TDK cinta de cromo de 90 minutos, donde solo había espacio para dos canciones, en aquel entonces toda grabación casera, tenía un toque artesanal, bah, eso lo que los pibes de ahora nunca van a entender! Entre relámpagos y rugidos del cielo, ese aguacero me estaba esperando! Me calcé mis zapatillas negras, me acomode mi bermuda estilo militar -al tono de mis zapas- y me puse una remera rockera que tenía a “gargarita” y al “cadete del espacio” como estandarte! Agarre mi Walkman amarillo patito -no era cualquiera, era uno especial para soportar agua. Pesaba como un kilo!- y busqué aquel cassette que solo había sido concebido para ese momento, siento el ruido de la cajita de plástico que albergaba el cassette abrirse, luego el sonido de la cinta acomodarse dentro del carcasa de plástico, como sabiendo que era su momento… suave pero firme el cassette entró al Walkman, lo cerré con ansias pero no había ruido ahí. Me coloque los auriculares y sentía ese vacío, ese silencio entre los auriculares y mi tímpano, como León en el perfecto asesino, tenía que ser prudente y saber en qué momento apretar play, me había preparado no toda una vida, pero sí unos meses largos… salí de mi dpto, tome el ascensor… y me pare frente a la puerta de cristal del edificio. 

Dentro de aquella construcción, un joven sediento de caminar bajo la lluvia fatal de aquel día, afuera porteños corriendo, siendo acechados por el agua, algunos acurrucados en los hall de algún edificio, casi rezando para que alguien terminara con la lluvia. Gire la llave y abrí la puerta… en ese momento me golpeó el calor aliviado por la lluvia, mi corazón se agitó y me gritó ¡es el momento! Mientras mi mano derecha abría la puerta, la izquierda, que sostenía el Walkman escuchó la orden, ese picarón gordito no dudo ni un segundo y apretó el botón de play… mi cuerpo estaba en la vereda siendo perforado por la lluvia y en ese mismo instante los arpegios de “stairway to heaven”, dejaban mi alma en un estado de Nirvana… la droga más poderosa un deseo hecho realidad! 

Mi ser se agitaba dentro de mi piel como queriendo salir a jugar con las gotas de la tormenta… comencé a caminar sin rumbo… solo era disfrutar cada paso, cada acorde, cada gota que llegaba a mí… veía como todo en cámara lenta alrededor de mí, los grandes agazapados bajo los paraguas, uno que otro se animaba a dar zancadas para llegar a algún lugar – quién puede pensar que correr hace que te mojes menos?- mis pasos bailan con los charcos que habían en la vereda, mis párpados solían cerrarse por leves instantes… la guitarra de Page jugando con la voz de Plant, que golpeaba contra los parches de Bonham, y los graves de John Paul Jones le dictaba a mi corazón latir… sin más, ni menos mi voz se mezcla con la Plant en ese final épico “and she's buying the stairway to heaven”… ese segundo cruelmente asesino que es la espera entre una canción y otra, se presentó sin más pero antes que mi ser volviera a su lugar, como si la tormenta estuviese dentro de la cinta comenzó a hacerse sentir… sutil golpeteo del hit- hat… un bajo que le ponía melodía a mis pasos y los teclados  Manzarek que describían el sonido de la lluvia, nuevamente, sublevaban a mi ser… así fue el comienzo entre ella y yo, entre la lluvia y mi ser…


miércoles, 17 de mayo de 2023

El Estado y sus vicisitudes

La imagen es del pintor Jheronimus van Aken, conocido como el Bosco, dicha obra se llama "La nave de los locos" y es de 1503/04. Creo que es una pintura que nos representa muy bien a los Argentinos. El análisis pictórico se los dejo a ustedes, pero algo quiero escribir.
Hoy en día y hace un tiempo atrás existe cierto tipo de odio hacia el Estado, pero que nos dice "ese odio al Estado". No me voy a poner a desarrollar que es el Estado pero en lineas generales es un estamento regulatorio de la vida de los seres humanos que conviven es un territorio común en el cual celebran de forma voluntaria acuerdos de tipos social, civil, comercial haciendo posible la convivencia. Y desde ahí el abánico estatal en inmensamente grande y por ende defectuoso. Cuando un grupo de personas "anarco-capitalista" ( la realidad son liberales sin formación filosófica ni sociológica) comienza su ataque con respecto a la presencia del Estado en la regulación de la economía, utiliza dos imágenes para engañar a las personas, "los políticos y aquellas personas que reciben una ayuda del Estado como los llamados "planeros" de forma despectiva". Porque la utilización de dichas imágenes, porque en primer lugar, la clase política permite un abanico de personajes nefastos de los cuales muy pocos de ellos pueden salir "bien parados" y por su responsabilidad en el ejercicio de sus funciones, en tanto la otra imagen, han sido parte de la dirigencia política y los medios empresariales de comunicación que había que estigmatizar a una clase social en contra punto a la "clase trabajadora" y en ese punto construyen el fantasma de la sociedad: "existe una clase (políticos-planeros) que se roba nuestro trabajo (el supuesto pago de impuestos)" y con ese sofisma sostienen un argumento que oculta algo más peligroso. El Estado no se reduce a la clase política, sino que por el sistema que existe en nuestro país el Estado tiene muchas otras caras a saber: médicos, maestros y profesores (jardin, primaria, secundaria, universitario) policía, militares, investigadores de diversa índole, desarrollo de rutas, caminos, autopista, sistema de energía, construcción de establecimientos como escuelas, universidades y hospitales, es decir que el "supuesto pago de impuestos" no tan solo "se mantiene ese grupo de vividores (politicos-planeros)" sino todo un sistema mucho mas grande. Y agrego, el sistema Judicial también, desde sus empleados hasta los jueces, pero porqué ahí no se lo critica? Porque es el poder del Estado que dicta justicia y eso puede definir muchas cosas! Ejemplo: El abogado X escribe siempre en contra de los politicos/planeros, que son los males de los males de la sociedad, peroooo no dice nada con respecto al sistema donde desarrolla su trabajo, dado que, sabe muy bien que ir en contra de los trabajadores del sistema judicial y Jueces le sería contra producente. Es simple, si el abogado X dice "todos esos vagos que están en el tribunal tal cobran y no hacen nada!" que pasaría? Justamente ese abogado X no podría tramitar su trabajo, porque esos trabajadores le harían la "vida imposible" (claramente de ocurrir esto, esta mal hecho, no hacer el trabajo porque te critican). El sofisma "yo puedo decir tal o cual cosa porque pago mis impuestos" es muy frecuente escucharlo, generalmente de pequeños emprendedores, empresarios hasta los grandes empresarios", y la verdad es que todos ellos, no pagan lo que deberían pagar, porque parte de sus ganancias (y a veces hasta la mayor parte es en "negro") bajo la excusa de que el Estado utiliza mal los fondos, no facturo lo que corresponde, ni pago por ello. Entonces uno lee comentarios o ve por tv a empresarios enojados por que tienen que pagar los impuesto para "bancar vagos", gran parte de su dinero fue por no tributar lo que corresponde pero ellos son honestos y los otros no. 
Realmente el Estado es inmensamente grande en Argentina y quienes tiene la responsabilidad de hacerlo mas eficiente no hacen nada por hacerlo. La clase política de nuestro país solo demuestra que son incompetente en muchas áreas (será por eso que tiene mas asesores que neuronas) y dan trabajo a un grupo de vividores que jamas van a trabajar o que están en una oficina cumpliendo horarios mientras publican asados en las redes sociales.
Y en esa Nave estamos todos, pidiendo al Estado todo, como si fuera dios, que nos pagan, que nos den, que no nos saque, que no de, que ese es así y que el otro es así. Alguna vez pensaron realmente hacer las cosas como corresponde? Pero bancar de verdad lo que realmente corresponde, desde lo más básico de no tirar un papel al suelo hasta pagar lo que corresponde nuestros impuestos. Realmente ser ciudadanos mas responsables, así solo así podemos cambiar el sistema de mierda que tenemos. Dejar de tener políticos corruptos, jueces corruptos, empresarios corruptos, comienza por nosotros, si yo no quiero votar un corrupto, no ser corrupto yo, solo así podemos pensar en modificar el Estado y sacar de él a ese grupo de mafiosos que están desde siempre en Argentina. 
El problema no es vivir en Argentina, sino los argentinos, como dijo el ex presidiente del Uruguay Batle y que tanto molesto a nadie, porque era verdad. Podría escribir mucho más, porque realmente es un tema que me apasiona que es la transformación del Estado, porque pienso que un Estado debe ser presente en todas las áreas de la vida cotidiana, sin ser un juntadero de culos (perdón por lo técnico) y que realmente pueda favorecer a todas las personas que quieren progresar social y económicamente en un país, que se tenga jueces imparciales y políticos honestos y capaces, generando empresarios responsables y no corruptos.

domingo, 7 de mayo de 2023

"Maldito Lunes" (segunda parte)


 

Joaquín salía de la boca del subte con su mala suerte a cuestas, en su cabeza se reprochaba no haber podido viajar con aquella mujer. Caminaba rápido sin ver, no podía salir de su malestar, repasaba la mañana y se reprochaba no haber hecho contacto con  ella. En ese torbellino de pensamientos en torno a esa mujer, se le aparece la idea de pasar por la verdulería. Por unos leves momentos podía sacar de su cabeza eso ojos negros, sin embargo era una lucha inutil. Salió de la verdulería raudamente, solo deseando que ese maldito lunes terminará.

Sin darse cuenta, tropezó fuertemente con otro transeúnte, vio esa caída en cámara lenta y con rapidez actuó para rescatar de un golpe seguro a aquella persona. Breves segundos de su actuar altruista, se topo con el cosmo otra vez, esos profundos ojos negros estaban frente a él una vez más. Por primera vez Joaquin se volvió religioso y creía que los milagros tal vez existían. Ella al ver a su salvador ensayo la sonrisa más bella que tenía guardada hace años en el fondo de su alma, tal vez, era cierto que los lunes no eran tan malditos. 

-¿Estás bien? Preguntó Joaquín torpemente

-Si!, gracias. Ella respondió dulcemente. Unos breves segundos los distanció, cada cual se habían refugiado en su mente, cada cual hacía un repaso de qué podría llegar a pasar si aquel encuentro podría continuar o solamente sería otro capricho más del destino cómo su cruce en el subte. 

- ¿Te veo cara conocida? Joaquin no quería ser muy evidente en sus deseos.

- No creo, bah, tengo muy buena memoria y difícilmente me olvidara un rostro conocido. Ella le respondió firmemente. A él en ese momento lo invadió una extraña sensación de vergüenza y desilusión. La mirada de Joaquín se había transparentado. "No puedo dejarla ir así no más… no puedo ser tan cagon, me tengo que animar a más… no me puedo condenar a ser un tipo gris!" Joaquín pensaba en esos instantes.

- Discúlpame, por haberte llevado por delante, hoy fue un día muy complicado, todo me salió mal… balbuceo tiernamente… perdón, ¿tu nombre? Joaquín luchaba por primera vez contra su propia mediocridad. Ella lo miró fijamente a los ojos, cómo queriendo penetrar en los pensamientos más profundos de Joaquín. Sus labios tomaron esa curva que lo dejaba a la deriva a él, respiró suavemente

- Daniela, ¡mucho gusto! Ella extendió su mano derecha para estrechar la de él. Joaquín se paralizó unos segundos. Tomó la mano de ella desde los dedos, giró suavemente la mano y sin dudarlo la beso tiernamente por encima de los nudillos. Era el acto más rebelde y amoroso que Joaquín había tenido en los últimos 10 años. A Daniela le pareció un gesto precioso.

- Hola Daniela, me llamo Joaquín. Él había sentido que el ser arriesgado tiene sus beneficios, ella lo miraba y sonreía.

- ¿Sos de virgo? Ella preguntó sin rodeos. Él quedó atónito.

Sí, ¿ cómo sabes? Joaquín no salía de su asombro 

- ¡Soy media brujita! Ella comenzó a reírse y él no pudo más que amar esa risa. 

Sin darse cuenta habían pasado treinta minutos hablando en la calle, cómo si no se hubieran visto hace un par de vidas pasadas. Eran dos desconocidos que se conocían muy bien. Parecía que el azar estaba a favor de Joaquín, Daniela se dirigía hacia el mismo lado. Caminaban muy juntos uno de otro, hasta se buscaba esa inocencia de tratar de golpear el hombro del otro, diciendo aquí estoy! 

Llegaron a la puerta de ingreso del edificio donde Joaquín vivía. Sus miradas se volvieron a estudiar una vez más, sus bocas se callaron de golpe porque sus miradas lo decían todo. El cosmo negro que habitaba en los ojos de Daniela llegaban a esa pradera verde de otoño que eran los ojos de él. Hay amores que solo los puede contener la Naturaleza pero también la Naturaleza puede ser feroz.  

- Bueno, acá vivo… fue un placer hablar con vos Daniela. Joaquín no quería despedirse, no sabía cómo pedirle una forma de estar en contacto.

-A mí también me encantó hablar con vos, es más, me gustaría volverte a ver y seguir hablando -Daniela era una mujer temperamental y cuando algo quería hacía todo lo que estaba a su alcance para lograr su objetivo- Tomá este es mi numero de celular, mandame un whatsapp y te agendo, bah, si queres… Ella le había alcanzado su número en un papel cómo si estuviera preparada. Él implosiono de felicidad en ese instante, intentaba de diversos modos ocultar su alegría.

- ¡Genial! Ahora subo y te envío un mensaje. Joaquín no salía de su alegría. Ella se acercó hasta él y le dio un beso en la mejilla, pero no era un beso cualquiera de despedida, son esos besos donde apoya todo el labio y se presiona suavemente fuerte. Joaquin volvió a sentir la sangre fluir por todo su cuerpo, no podía creer lo que le estaba pasando.

Ella giró lentamente con una sonrisa brillante y comenzó a caminar para ir desapareciendo lentamente ante la atenta mirada de Joaquín. Espero que la figura de ella se fundiera con el entorno de la ciudad y ahí entró al edificio. Prácticamente no caminaba sino que iba elevado por las sensaciones que Daniela había dejado en él. Entró en su departamento, se dejó caer sobre el sillón gastado que estaba estacionado en el living, sacó su celular y agendo prontamente a Daniela, y escribió un mensaje “Me cambiaste el lunes, gracias”, luego lo envió y en su pantalla se marcó una sola tilde. Joaquín miraba con nervios la pantalla del celular, a cada segundo que no aparecía la segunda tilde, más le incomodaba. Dejó el celular en la mesa ratona y fue a bañarse. Bajo la ducha, cerraba los ojos y se deleitaba con la mirada de Daniela. 

Ella había llegado a su dto, poco iluminado y prendió un sahumerio de canela, sacó de los bolsillos de su campera su celular y un mazo de cartas del Tarot. Miró su celular y estaba apagado porque había quedado sin batería, lo dejó sobre la mesa y mezcló las cartas durante cinco minutos, dejó el montón sobre la mesa y cortó dos veces, junto las cartas y sacó la carta de arriba, dejándola caer la carta sobre la melamina gris perlada. El Arcano VI resplandecía sobre la poca luz que daba a la mesa. Ella sonrió, caminó unos pasos y puso su celular a cargar. Preparó un gin tonic, con tres rodajas de limón, y se alistó en su sillón de un cuerpo que la contenía, se acomodó entre los almohadones. Bebió suavemente su bebida y de sus ojos cayeron unas lágrimas. 

Joaquín miraba su celular, casi sin respiro, esperaba ver las dos tildes prontamente, sin embargo esto no ocurría. Su mente jugaba una mala pasada con él. Esa ansiedad que genera las pesadillas más extrañas que se pueden inventar uno. 

-”¡Qué boludo que soy! entre cómo un gil! justo la mina tenía preparado su número para dármelo a mí!! soy un re gil! Joaquín pensaba para él. No podía salir de su mal estar. Su sueño se transformaba en una pesadilla. Con un gran mal humor se fue a acostar, decepcionado por la circunstancia. Daniela mientras tanto, ya había liquidado una botella de gin y seguía en su sillón luchando contra sus lágrimas. Parece que al final de cuentas, los lunes son malditos…


Continuará…


domingo, 16 de abril de 2023

"Maldito Lunes"

No se sabe bien porque pero los lunes son malditos, será el comienzo de semana o  el fin del fin semana, pero los lunes no son nada gratos. Otra vez la opresión de lo cotidiano con el trabajo y esas obligaciones vanas que nos someten comienzan los malditos lunes. Era el momento más terrible del año, 20 de diciembre y uno está asqueado del todo, vienen las hipócritas fiestas de navidad y la borrada memoria del primero de enero.

Joaquin maldecía para sus adentro viajando en el subte A, a su maldito trabajo a las 7:59 de la mañana. Ese subte estaba apestado de personas con caras largas, molestos por el calor y abrumados por el fin de año que se lleva a cuesta. Y entre ese mal-estar general la vio a ella… de pronto sus maldiciones se fueron de su mente y por primera vez escuchaba la música que salían de sus auriculares y mientras la veía tan detenidamente escuchaba la frase “me prendí al verte, me volví al despertar”, tal vez, los lunes no son tan malditos cómo parecen. 

Joaquin parecía despertar de un letargo, no sabía bien por qué pero hace un tiempo atrás había apagado su vida, bah había puesto ese piloto automático que se pone cuando todo es igual, siempre igual, todo lo mismo. Nunca fue un tipo de buena suerte, tampoco se puede afirmar que tuviera mala suerte pero era un tipo de buena suerte para las suertes malas. Y pese a varios arrastrones que la vida le había pegado, tenía una especie de buena fé, de cierto romanticismo de que siempre había algo mejor por venir. No compraba libros de autoayuda, ni tenía mucha lectura pero la poca que había leído era suficiente. Era un empleado administrativo de una empresa de seguros, 39 años acusaba su rostro y unos 70 en su mente. La vida de él se asemejaba a su traje gris que usaba para su trabajo, formalidad, sobriedad y aburrimiento. No tenía muchas historias de amor para contar, pero sí una, que lo había hecho sufrir más de la cuenta, tal vez por esto seguía solitario, o bien, porque nunca arriesgo demasiado en el juego del amor. 

Las pupilas de él se dilataron frente a esa mujer, entre todas esas personas malhumoradas, estaba ella con una sonrisa especial, sus profundos ojos negros y el salpicado de sus pecas en su blanca piel  daban una combinación fatal, pero él había quedado preso de esos labios sutilmente carnoso y pintados de un rojo rubí. Su pelo era lo suficientemente largo para lucir la guerra de su pelo ondulado de un rojizo ocre. Era un cuadro de Van Gogh mezclado con uno de Francisco Vázquez, era demasiada bella para un pobre diablo cómo él. Joaquín no podía salir del trance que le provocaba verla a ella, en su mente repetía “¡No puede ser tan linda!“. Ella sintió que una mirada la deseaba -él la vio en cámara lenta a ella en ese momento- giró levemente su cabeza hacia donde estaba Joaquín y se topó con esa mirada pecaminosa. Sus miradas hicieron contacto, por ese instante los dos conocieron la eternidad y se perdieron en ella, tal vez, los lunes eran tan malditos cómo parecen.

Joaquien se puso nervioso de pronto, nunca había sentido el fluir de sus sangre por su cuerpo, sus ojos se volvieron incómodos por un momento, movió un par de veces su cabeza, tal vez ella pensaría que la había visto de casualidad y no se daba cuenta los 20 minutos que él venía cautivo por el rostro de ella. La mirada de ella le generaba la peor de las incomodidades, esos profundos ojos negros eran la perdición. Joaquín trata de salir de esa situación embarazosa y dejo de mirarla. Ella, sin embargo, comenzó a mirarlo fijamente y con una sonrisa picaresca, busca la provocación de la mirada de él. En esa tensión, el subte frena y en el tumulto de gente queriendo salir y otros entrar, la mirada de los dos se perdió. Joaquín, movía con rapidez su cabeza tratando de no perderla de vista pero habían entrado tantas personas, que no pudo volver a verla. 

-Qué mujer preciosa! Si no fuera tan cagón, ¡me la encaro!... Igual por más que me la encare ni bola me va a dar! Joaquín no estaba convencido de sus fuerzas. En ese momento el subte había frenado en la estación donde Joaquín se bajaba para ir a su trabajo forzoso. Cuando él se percató de ello, salió corriendo hacia la puerta antes que esta se cerrará. Caminaba rápidamente hacia su trabajo y en su mente repasaba con obsesión el rostro de ella. Se sonreía cada vez que recordaba cuando la mirada de ambos había colisionado entre sí. 

Las horas pasaban en ese aburrido trabajo y en años no se lo notaba tan alegre a Joaquín, aquel rostro había despertado una sensación profunda en él, sensación que había olvidado. No podía dejar de pensar en esa mujer del subte, Joaquín estaba hechizado por esa mirada profunda y esos labios asesinos. Lo único que repetía Joaquín para sí era su deseo fuerte, que al regreso a su casa, poder volver a encontrarse a esa mujer. Tal vez, se animaría una vez en su vida hacer arriesgado. Cómo un perro sabueso buscando su objetivo, esperó unos minutos en la estación del subte, miraba por todos lados a ver si aparecía ese rostro, pero en la multitud de personas era imposible, incluso no sabía si se había bajado antes o después de la estación donde él se había bajado. 

Joaquín no sabía qué hacer, estaba confundido. El subte había llegado mientras el intercambio de pasajeros ocurría, él se quedó en la puerta para ingresar pero eligió quedarse, camino unos pasos para atrás para dar lugar y miro hacia adentro del vagón lleno de personas. Se escuchó el timbre de que las puertas se cerraban y un suspiro dejó caer. En ese instante miró hacia adentro del vagón y sin querer se perdio otra vez en esos ojos negros, ahí estaba esa mujer mirandolo fijamente con su sonsria brillante, él no pudo, ni queria y sucumbió a esa mirada. ¡Eran el Cosmo esos ojos! pero pronto se alertó del movimiento del subte lo despojó de contemplar el Cosmo y comenzó a caminar rápido al lado del vagón, mientras ella adentro lo seguía mirando. El subte tomó más velocidad y las piernas de él no le daban la velocidad para seguir el vagón, golpeó un par de veces en el vidrio del tren, deseando que frenará el mismo pero la buena suerte nunca fue una virtud de él. 

El subte entró en su cueva y se perdió frente la mirada atónita de Joaquín, la gente lo miraba sin comprender la situación, un par de murmullos entre tanto ruido. 

Joaquín agacho su cabeza, volvió varios pasos atrás. No podía creer que había perdido la oportunidad de volver a verla. No importaba si le hablaría, él tan solo deseaba volverla a ver. Pasarón unos minutos hasta que llegó el subte, Joaquín entró cabizbajo y encerrado en sus pensamientos, no podía aceptar su mala suerte. El tren comenzó su viaje, no sabía bien que había perdido él en ese instante pero no podía dejar de recordar esos ojos negros profundos. Sería de esas maldiciones, de los malditos lunes…

Continuará...

El último reproche

—¿Una terrible consecuencia puede suceder? Ella le susurró al oído a Carlos. Él la miró con desconfianza y se apartó unos centímetros. Romin...