La sexualidad nada tiene que ver
con la política, por más que se la suele utilizar para un lado u otro. El error
más grande es pensar en esa dualidad de izquierda y derecha, asociando la
sexualidad a un pensamiento político. La sexualidad es un devenir en el sujeto
humano, que se va desarrollando por diversos fenómenos que se dan previo al
nacimiento, durante la gestación y su posterior desarrollo. Incluso esta nunca
se va a terminar desarrollar como si fuera un producto. La sexualidad es una
manifestación del ser, son en sí inseparables. El ser es una construcción sin
final, porque la muerte es solo el punto de final del ser, provocando que sea
incluso y si existirá una eternidad, el ser seguiría siendo incompleto cómo la
sexualidad.
La utilización de la sexualidad
como banderas políticas -a favor o en contra- es parte de la historia de la
humanidad, no podemos omitir esto. ¿Por qué se utiliza cómo bandera política?
porque cómo mencioné anteriormente, la sexualidad es en sí una manifestación
del ser. Por ende, la manifestación de la sexualidad es un modo formal de la
libertad individual. Esa libertad del ejercicio de la sexualidad es apolítica,
pero cómo la sexualidad es una parte fundamental del ser humano, se la utiliza
solo y exclusivamente para intereses particulares para sostener el poder. además,
que se utiliza la misma sexualidad para mostrar a una persona con ciertas
características.
Hemos visto la recomendación a
políticos de edad avanzada tener parejas más jóvenes y si además logran
embarazar a la misma aumenta la idea positiva sobre él mismo, es asociar la
figura de ese político cómo un hombre viril, fuerte, como ser poseedor de un
deseo grandilocuente, que pese a su edad aún es un animal vigoroso. Cuando el
político, no tiene hijos, ni pareja estable, la recomendación es que se muestre
con diversas mujeres para dar una imagen también de un hombre viril. Claramente
que, si esto se lo pidieran a una mujer que se muestre con diversos hombres,
tal vez, la mirada sea diferente y no de forma positiva. El ejercicio de la
libertad de la sexualidad en sociedades de tinte “machista” verán ese ejercicio
en la mujer cómo promiscua, dando una imagen negativa. Claramente que la
valoración positiva o negativa no es por las acciones o decisiones políticas,
sino por el ejercicio de su sexualidad.
Lo que una persona decida hacer
de su sexualidad es en sí un hecho personal, mientras logre ejercer su
sexualidad de forma responsable sin lastimarse a sí mismo, ni a terceros, nadie
tiene la autoridad de intervenir en ese ejercicio de la libertad personal. La
ignorancia, desconocimiento y también intriga sobre la sexualidad hace del
sujeto humano un cóctel explosivo. Es claro que utilizar la sexualidad para ir
en contra o favor de diversas personas, solo comprueba una verdad, que la
sexualidad es poder. Pero es ahí donde debemos separar lo público y político,
de lo privado y la ética personal.
Son las políticas públicas sobre
la información de diversos modos sobre el desarrollo sexual y la manifestación
de la sexualidad que permite ir brindando el ejercicio de la libre elección,
sin condicionamientos la posible que un ser humano pueda lograr ejercer
responsablemente su elección sexual. Nadie convence a nadie de lo que siente en
su interior.
El respeto por el ejercicio de la
sexualidad de manera responsable permite una sociedad más sana y sin el
desarrollo de odios. Cuando las mentes están enfermas, seguramente vean todo de
manera enferma. No debe interesar si es de derecha o izquierda, si es
heterosexual o homosexual, si es transexual o travesti, sino aceptar y respetar
la condición humana y sus diferencias en la sexualidad cómo en todos los ámbitos,
sin que sea un agravio, un daño para sí y terceros. La democracia y la libertad
son elementos fundamentales para el ejercicio de la sexualidad sana de una
sociedad determinada.
