domingo, 16 de abril de 2023

"Maldito Lunes"

No se sabe bien porque pero los lunes son malditos, será el comienzo de semana o  el fin del fin semana, pero los lunes no son nada gratos. Otra vez la opresión de lo cotidiano con el trabajo y esas obligaciones vanas que nos someten comienzan los malditos lunes. Era el momento más terrible del año, 20 de diciembre y uno está asqueado del todo, vienen las hipócritas fiestas de navidad y la borrada memoria del primero de enero.

Joaquin maldecía para sus adentro viajando en el subte A, a su maldito trabajo a las 7:59 de la mañana. Ese subte estaba apestado de personas con caras largas, molestos por el calor y abrumados por el fin de año que se lleva a cuesta. Y entre ese mal-estar general la vio a ella… de pronto sus maldiciones se fueron de su mente y por primera vez escuchaba la música que salían de sus auriculares y mientras la veía tan detenidamente escuchaba la frase “me prendí al verte, me volví al despertar”, tal vez, los lunes no son tan malditos cómo parecen. 

Joaquin parecía despertar de un letargo, no sabía bien por qué pero hace un tiempo atrás había apagado su vida, bah había puesto ese piloto automático que se pone cuando todo es igual, siempre igual, todo lo mismo. Nunca fue un tipo de buena suerte, tampoco se puede afirmar que tuviera mala suerte pero era un tipo de buena suerte para las suertes malas. Y pese a varios arrastrones que la vida le había pegado, tenía una especie de buena fé, de cierto romanticismo de que siempre había algo mejor por venir. No compraba libros de autoayuda, ni tenía mucha lectura pero la poca que había leído era suficiente. Era un empleado administrativo de una empresa de seguros, 39 años acusaba su rostro y unos 70 en su mente. La vida de él se asemejaba a su traje gris que usaba para su trabajo, formalidad, sobriedad y aburrimiento. No tenía muchas historias de amor para contar, pero sí una, que lo había hecho sufrir más de la cuenta, tal vez por esto seguía solitario, o bien, porque nunca arriesgo demasiado en el juego del amor. 

Las pupilas de él se dilataron frente a esa mujer, entre todas esas personas malhumoradas, estaba ella con una sonrisa especial, sus profundos ojos negros y el salpicado de sus pecas en su blanca piel  daban una combinación fatal, pero él había quedado preso de esos labios sutilmente carnoso y pintados de un rojo rubí. Su pelo era lo suficientemente largo para lucir la guerra de su pelo ondulado de un rojizo ocre. Era un cuadro de Van Gogh mezclado con uno de Francisco Vázquez, era demasiada bella para un pobre diablo cómo él. Joaquín no podía salir del trance que le provocaba verla a ella, en su mente repetía “¡No puede ser tan linda!“. Ella sintió que una mirada la deseaba -él la vio en cámara lenta a ella en ese momento- giró levemente su cabeza hacia donde estaba Joaquín y se topó con esa mirada pecaminosa. Sus miradas hicieron contacto, por ese instante los dos conocieron la eternidad y se perdieron en ella, tal vez, los lunes eran tan malditos cómo parecen.

Joaquien se puso nervioso de pronto, nunca había sentido el fluir de sus sangre por su cuerpo, sus ojos se volvieron incómodos por un momento, movió un par de veces su cabeza, tal vez ella pensaría que la había visto de casualidad y no se daba cuenta los 20 minutos que él venía cautivo por el rostro de ella. La mirada de ella le generaba la peor de las incomodidades, esos profundos ojos negros eran la perdición. Joaquín trata de salir de esa situación embarazosa y dejo de mirarla. Ella, sin embargo, comenzó a mirarlo fijamente y con una sonrisa picaresca, busca la provocación de la mirada de él. En esa tensión, el subte frena y en el tumulto de gente queriendo salir y otros entrar, la mirada de los dos se perdió. Joaquín, movía con rapidez su cabeza tratando de no perderla de vista pero habían entrado tantas personas, que no pudo volver a verla. 

-Qué mujer preciosa! Si no fuera tan cagón, ¡me la encaro!... Igual por más que me la encare ni bola me va a dar! Joaquín no estaba convencido de sus fuerzas. En ese momento el subte había frenado en la estación donde Joaquín se bajaba para ir a su trabajo forzoso. Cuando él se percató de ello, salió corriendo hacia la puerta antes que esta se cerrará. Caminaba rápidamente hacia su trabajo y en su mente repasaba con obsesión el rostro de ella. Se sonreía cada vez que recordaba cuando la mirada de ambos había colisionado entre sí. 

Las horas pasaban en ese aburrido trabajo y en años no se lo notaba tan alegre a Joaquín, aquel rostro había despertado una sensación profunda en él, sensación que había olvidado. No podía dejar de pensar en esa mujer del subte, Joaquín estaba hechizado por esa mirada profunda y esos labios asesinos. Lo único que repetía Joaquín para sí era su deseo fuerte, que al regreso a su casa, poder volver a encontrarse a esa mujer. Tal vez, se animaría una vez en su vida hacer arriesgado. Cómo un perro sabueso buscando su objetivo, esperó unos minutos en la estación del subte, miraba por todos lados a ver si aparecía ese rostro, pero en la multitud de personas era imposible, incluso no sabía si se había bajado antes o después de la estación donde él se había bajado. 

Joaquín no sabía qué hacer, estaba confundido. El subte había llegado mientras el intercambio de pasajeros ocurría, él se quedó en la puerta para ingresar pero eligió quedarse, camino unos pasos para atrás para dar lugar y miro hacia adentro del vagón lleno de personas. Se escuchó el timbre de que las puertas se cerraban y un suspiro dejó caer. En ese instante miró hacia adentro del vagón y sin querer se perdio otra vez en esos ojos negros, ahí estaba esa mujer mirandolo fijamente con su sonsria brillante, él no pudo, ni queria y sucumbió a esa mirada. ¡Eran el Cosmo esos ojos! pero pronto se alertó del movimiento del subte lo despojó de contemplar el Cosmo y comenzó a caminar rápido al lado del vagón, mientras ella adentro lo seguía mirando. El subte tomó más velocidad y las piernas de él no le daban la velocidad para seguir el vagón, golpeó un par de veces en el vidrio del tren, deseando que frenará el mismo pero la buena suerte nunca fue una virtud de él. 

El subte entró en su cueva y se perdió frente la mirada atónita de Joaquín, la gente lo miraba sin comprender la situación, un par de murmullos entre tanto ruido. 

Joaquín agacho su cabeza, volvió varios pasos atrás. No podía creer que había perdido la oportunidad de volver a verla. No importaba si le hablaría, él tan solo deseaba volverla a ver. Pasarón unos minutos hasta que llegó el subte, Joaquín entró cabizbajo y encerrado en sus pensamientos, no podía aceptar su mala suerte. El tren comenzó su viaje, no sabía bien que había perdido él en ese instante pero no podía dejar de recordar esos ojos negros profundos. Sería de esas maldiciones, de los malditos lunes…

Continuará...

viernes, 14 de abril de 2023

"La Imagen"



Pronto corrió la silla, su memoria evocó una imagen, que había desaparecido de su caudal. Sus ojos se llenaron de lágrimas y su cuerpo se desplomó sobre el suelo de madera, que revestía su pequeño hogar. Sus manos comenzaron a temblar y las lágrimas eran presa de una desazón que aquella imagen traía.  Dicha imagen se había cristalizado en la conciencia. Entre gemidos e insultos, intentaba que aquella imagen, como había aparecido, volviera a desaparecer. 


Por aquel instante la imagen desapareció. Pero ya era tarde para sentir y pensar, que ese recuerdo no volvería jamás.  Se levantó del suelo, aun temblando; secó sus lágrimas y con su paso lento y torpe, llegó hasta el baño. Abrió el grifo de agua fría del lavatorio, lavaba sus lágrimas que aún seguían corriendo por su rostro. De vez en cuando levantaba su cabeza del lavatorio y se observaba en el espejo. Pero su visión aún era borrosa, ¿Sería por las lágrimas o por aquella imagen?


Su corazón latía desesperadamente y su aliento se quebraba de tanto en tanto. Pareciera que su cuerpo no podía resistir aquel recuerdo. Cerró la llave de la grifería del lavatorio y aún sentía que toda la casa se movía. Lentamente se acercó hasta la bañera, entró dentro de ella a gatas, se sentó cerca de los grifos y con la poca fuerza que tenía abrió la grifería de agua fría.


Con fuerza, la lluvia de la ducha golpeaba sobre aquel cuerpo confundido. Sus ropas prontamente quedaron mojadas; y sus lágrimas  se mezclaban  con la lluvia de la ducha. Levantó sus manos y las sitúo frente a sus ojos. Intentaba observarlas pero aún su visión estaba obnubilada. ¿Por qué? Repetía una y otra vez. Intentó pararse, pero sus piernas no tenían la fuerza necesaria para sostener aquel envase que contiene el transcurso del tiempo. Nuevamente intentó pararse, apoyó su espalda contra la pared, usándola como sostén y con la ayuda de sus manos, poco a poco comenzó a subir, como las vías del tren, aquella pared le servía de guía. Una vez que su ser podía sostenerse, aunque tambaleante, robó una bocanada de aire y salió de la bañera. Su caminar era semejante a una persona muy vieja, lo cual no condice con su edad. El suelo se iba mojando a cada paso, a cada paso un reproche su boca dejaba caer. 


Pesadamente comenzó a desvestirse, aquellas ropas eran bolsas de arena mojada, como aquel recuerdo. Apenas podía coordinar sus movimientos y en la posibilidad de coordinar alguno de ellos, lograba desprenderse de su vestimenta. Había quedado atrás el baño y aún se escuchaba la lluvia de la ducha, un par de zapatillas y medias dispersas en aquella habitación eran testigo de lo que sucedía.


Aquel cuerpo humedecido buscaba un lugar seguro para él, aún su paso era lento y tambaleante, dejó atrás una camisa mojada y sus botones arrancados. En un momento de lucidez de sus ojos, advirtió que su habitación estaba cerca y su ser se encaminó hacia ese cuarto. Cuando llegó a la abertura de su cuarto, el pantalón húmedo dejó caer y a su vez intentó dar un paso. El cuerpo perdió su equilibrio, errático, pero equilibrio al fin y como un árbol talado por un leñador, cayó al suelo, aquel golpe fue una caricia en comparación con aquel recuerdo. Arrastrándose dejó atrás su pantalón, su ropa interior y tal cual venimos al mundo quedó; ese cuerpo desnudo y húmedo era una prueba de un recuerdo pasado.


Llegó a los pies de la cama, tomando las sábanas que aún estaban desordenadas, comenzó a treparse, como queriendo escapar de su recuerdo. La altura de la cama se asemejaba a una montaña imposible de escalar. Una vez en la cima, su propio cuerpo se entrevero buscando una posición que le brindara seguridad o calor, sin embargo a esa altura ya no sabía que deseaba aquel cuerpo. Las sábanas se humedecieron prontamente, y su cuerpo optó por una posición fetal. Las lágrimas parecían no tener fin, y su rostro reflejaba un tinte de tristeza y horror. Aquella imagen desaparecía tenuemente por unos segundos y regresaba con más ímpetu; y su permanencia cada vez era mayor en la conciencia.


Su mirada se había perdido, el brillo de sus ojos se opacaron, las lágrimas solo corrían, pero ya habían perdido su sentido. Un jadeo tímido e hiriente era una melodía que se podía oír a unos pasos de aquel cuerpo húmedo, lastimado y entreverado en la cima de una montaña de recuerdos sarcásticos que el alma nunca olvida, que tan solo los alejas por breves instantes, donde el tiempo pierde su fuerza y su sentido; y el espacio se coagula en la angustia y dolor de la impotencia de sufrir lo que nadie quiere obtener en su vida.



Así es aquella imagen, una de las tantas que todos ocultamos hasta que su pálida sensación nos avisa que el olvido solo es la reminiscencia de un recuerdo mal guardado. 

miércoles, 5 de abril de 2023

"Je t´aime" (Final)


 



El silencio entre los dos era ensordecedor, la distancia entre ambos eran miles de kilómetros estando a un abrazo de lejos. Brenda lo miraba fijamente, tratando de adivinar cuál sería el próximo paso de él. Agustín no sabía cómo actuar, no era la primera vez en su vida, que una situación lo había desbordado. Hay cosas jodidas en la existencia, pero la traición debe ser una de las peores. Algo entre ellos se perdió definitivamente, son de esas pérdidas que hieren de muerte al amor y que todo lo vivido hasta ese momento pierde todo el valor, cómo sí lo vivido haya sido una gran fantasía. Ella lo miraba y en su cabeza las imágenes se daban una tras otra, su historia compartida desde ese primer encuentro hasta este, su final? A él lo torturaba una pregunta, ¿por qué?, que se repetía hacia el infinito. 

Brenda respiró profundamente, buscando una calma en la tempestad de su ser y una de esas imágenes se cristalizó en su mente…

-¿Alguna vez te enamoraste de alguien?. Ella preguntó sutilmente. Agustín la miró y en la profundidad de su iris existía un solo lugar para esa mujer.

-Supongo que sí. Agustin respondía nerviosamente; Alejandra era la mujer que era su sueño y su pesadilla más recurrente.

-¿Y qué pasó con ella? ¿Por qué se separaron? Brenda lo miró profundamente, buscando percibir los cambios que el amor por alguien provoca en una persona. Él había caído en una trampa de sus recuerdos, Y todos los recuerdos de Alejandra lo invadía, sin embargo, él quería bloquear el adiós. 

-La muerte…-dijo él entre unos imperceptibles suspiros. Ella se asombró, por la seguridad en que lo dijo.-La atropellaron y murió en el acto. Por unos instantes la respiración de Agustin se entrecortaba, un nudo cruel lo ahorcaba en ese momento. Se quedó en silencio y su rostro cambió. Ella veía cómo él se iba desmoronando lentamente. 

-Perdón, no debía haber preguntado… Brenda sentía una culpa terrible por haber preguntado. Agustín se había encerrado en los momentos previos al accidente de Alejandra, él sentía que la muerte tenía que ver por la equivocación de él. 

-Momentos antes de morir, habíamos discutido con Alejandra… Agustin caía lentamente frente a la mirada de Brenda -Le había confesado que le estaba siendo infiel, que ya se había perdido todo entre nosotros… La mirada de Agustin se perdió en ese momento. Brenda no podía creer lo que él le estaba contando -ella no lo soporto y salió corriendo, yo comencé a correr tratando de que se calmara… él suspiró profundamente -Si ese día no le decía nada, ella estaría viva… La vida es una moneda girando en el aire, sin saber nunca si la cara es mejor que la cruz, o la cruz es peor que la cara… Agustin se quedó mudo y cerró sus ojos lentamente. Ella lo miraba extrañada por lo que le había contado Agustín. 


Cara-cruz… Cara-cruz… Cara-cruz…


La tempestad se erguía sobre ellos, la confusión, la desconfianza, llegaron hasta ese punto de distancia que hasta el odio de ambos llegan a sentir el uno por el otro. Brenda caminó unos pasos hacia atrás y lo miraba con una tristeza infinita pero con el peor de los odios por él, no podía aceptar lo que pasaba. Él se dejó caer sobre un sillón que lo esperaba y trataba desesperadamente traer un recuerdo de ella, que lo calmara, algo de paz entre tanta tempestad…

-Qué pasó con Martín? Agustín quería saber del pasado de ella.

-Cómo qué pasó? Vos decis por que me separé de él? Para Brenda no era fácil hablar de su vínculo con Martín, porque había sido el amor más importante que había experimentado. 

-¡Sí! eso porque terminaron su relación. Agustín sabía que estaba entrando en un terreno peligroso, hablar del pasado de uno no es fácil y más cuando el amor está oculto por ahí. Ella se quedó en silencio unos minutos, era difícil que ella guardara silencio y su rostro le cambió el semblante. 

-No sé Agustin, si da para hablar de Martín, o de lo que pasó entre él y yo. -Brenda quería huir de esa situación -Para mí no es un tema sencillo de hablar y más con vos. No te ofendas, pero prefiero no hablar sobre eso. Brenda tenía que preservar su ser, porque cuando hablaba de Martín se transformaba.  Agustín,  se quedó sorprendido ante la respuesta de ella. El problema es que cuando no hay una respuesta, ese vacío se llena de historias que seguramente no son ciertas, que al llenar ese vacío pasan a ser verdad. 

-Esta bien si no queres contar. Agustin no podía interpretar la actitud de ella; Brenda  pensaba si era necesario contarle el final de su vínculo con Martín. 

-Con él todo fue tan intenso cómo extraño -ella comenzaba a dar su confesión -Fue un amor muy intenso, desde el primer momento que lo ví me encantó, y comenzamos a salir. Era todo intenso, nuestros encuentros cómo también nuestros desencuentros. Me costaba confiar en él, siempre estaba rodeado de mujeres, ¡era un buen candidato! -ella sabía que todo lo que brilla no es oro -Nunca supe si alguna vez me fue infiel, siempre tuve mis sospechas pero jamás encontré algo que me dijera que lo había sido. Brenda caminaba frente a la mirada de Agustín cómo dando un examen oral -Es tan difícil hablar de esto, ¡con vos! Ella sabía que era mejor callar que hablar. 

-Si no quieres contarme, no lo hagas… Agustin sabía que había ingresado a un terreno oscuro, de los que seducen pero también tienen aroma a final. Ella sentía que guardar silencio ahora de nada serviría, tal vez mentir pero ella sabe que el costo es peor y decir la verdad implica desnudar algo lo más íntimo que se tiene, las historias de amor. 

-Lo engañe -de pronto le dijo Brenda -Estabamos mal…había decidido volver a retomar mis estudios y él no quería, los chicos eran su excusa. ¿Quién va a cuidarlos? Cómo si él no pudiera. Brenda ya está decidida a contar su verdad, Augustín estaba atónito frente a la confesión de ella.

-La relación se puso muy densa, tirante entre los dos. Volver a estudiar me conecto otra vez con compañeros que nos habíamos perdido el rastro y entre ellos alguien que siempre me interesó volvió aparecer, yo estaba confundida, dolida y enojada con Martín y fue entonces que con este pibe pasaba el tiempo que podía la excusa era el estudio, sin embargo, él se preocupaba por mí, de cómo estaba, cómo me sentía, cómo estaban los chicos… y sin darme cuenta o no quería darme cuenta, termine en la cama con él. En ese momento, Brenda miraba el suelo con lágrimas en sus ojos. Agustín sabía que las mujeres son igual a los hombres y que tienen las mismas debilidades y pecados, sin embargo, lo que ella siempre le había mostrado a él no condice con una persona que podría ser infiel. Y ahí está el problema, juzgar a alguien por su apariencia. El silencio entre los dos era una invitación a la incomodidad.Ella no quería hablar más y él no podía salir de la historia que Brenda le había contado y en su cabeza retumbaba una pregunta, ¿Por qué?...


-Cara-cruz… Cara-cruz… Cara-cruz… 


Repetía para sí mirando girar la moneda en el vacío 

-Cara, la encaró; cruz, sigo de largo… pensó cuando la moneda había llegado a su mano y que sus dedos cuidaban fuertemente el destino. Se miró en el reflejo del espejo y se sonrió . Salió del baño de caballeros, con su destino en el puño de su mano caminando hacia una mujer que lo había cautivado momentos antes. Estando a unos breves centímetros uno del otro, donde se podía oler la piel del otro. Abrió su mano, dedo por dedo y vio que su moneda decía cruz. Se resignó por unos segundos, respiró profundo para guardar lo más que podía del perfume de esa mujer que dejaría tras de él con un tatuaje en su cuello que decía  Je t´aime…

Fin. 


domingo, 2 de abril de 2023

La despedida


Se encontró solo, respirando agitado, sin saber muy bien que había sucedido…

Entrelazaba sus manos como para rezar, sin embargo, no era el motivo que lo llevaba a que sus dedos ejercieran tanta presión entre ellos… Suspiro fuerte, tanto como el viento que sacudía la ciudad… Se levanto de su sillón gastado de noche de gin tonic y humos del norte… Volvió a suspirar como si algo dentro de sí lo perturbara, dejándolo salir de apoco… Camino unos pasos hasta su cocina, desarreglada, y como un buen ladrón la registraba buscando su ultima botella de Beefeater…

-Donde la habré dejado… Pensaba para sus adentro, su pulso se agitaba con el correr de los segundos. Movió un par de caja de pizzas y ahí encontró su premio. Luego abrió su heladera que tan solo guardaban un pedazo de manteca por la mitad y aderezos mal cuidados. Tomo la única botella de agua tónica que le que daba, cerro la puerta con su pierna y volvió a suspirar otra vez.

Se sentó sobre su sillón gastado, abrió las botellas y lleno su vaso negro… volvió a suspirar dejando caer una lágrima, tratando que solo sea una sola, tan solo una.

-¡¡No hay más bello dolor, que el provocado por amor!! Dijo en voz alta, como queriendo que sus palabras viajaran a la distancia.

-Es intenso, profundo, revuelve hasta las tripas y por más que quieras desprenderte de él, ¡todo es imposible! ¡¡Y siempre vuelves a llenar tu vaso para brindar una vez más por tu dolor!! Gritaba mientras llenaba su vaso lentamente, comenzó a beber de su vaso a cada gota de gin que ingería salía una lagrima. Bebió hasta dejar vacío su vaso, seco sus lagrimas porque no lo dejaban ver con claridad las botellas, nuevamente suspiro y preparo un vaso mas…

Se recostó dejando caer su ser contra el respaldo, tomo del brazo del sillón un cigarrillo y lo prendió. Sus ojos miraban el infinito del cielo que se veía desde su ventana, giro su cabeza y suavemente la dejo caer sobre su hombro, cerró sus ojos y sutilmente suspiro…

Su mente viajaba entre imágenes y alcohol, entre amor y dolor, de pronto sonó su celular, abrió sus ojos rápidamente.

-será ella? Pensó. Tomo su celular y leyó el mensaje.

- No puedo hacer mas nada.

- como que no puede hacer mas nada? Pensaba mientras su mano golpeaba su boca mientras leía el mensaje. Otra vez suspiro fuerte y respondió:

- Entonces hasta acá llego todo? -Respondió

Volvió a tomar su vaso y mientras bebía miraba su celular esperando una respuesta. Los minutos se le transformaban en horas, sus manos ansiosas se creían calmar con el vaso y cigarrillos, pero todo era en vano. Nuevamente sonó su celular.

- Sí. Vamos a darle un final a esta situación. Te espero en el lugar de siempre.

Cerró sus ojos, tomo todo el aire posible y lo dejo salir muy lentamente.

- bueno, tampoco pensabas que iba a durar toda la vida o no? Pensó para si mismo y esbozo una sonrisa. Tomo su ultimo vaso de gin tonic, salio de su casa y prendió su ultimo cigarrillo.

Cada paso era un recuerdo, cada metro lo acercaba más al final. No era algo que él deseaba, pero sabía que más no se podía hacer. Sus ojos trataban de enfocarse en el camino, pero la poca luz que iluminaban las veredas se mezclaba con sus recuerdos y mas el alcohol que llevaba su ser hacían mas dificultoso su caminar. A metros de llegar a su punto de reunión, un recuerdo se cristalizo en su mente.

Ahí estaba ella, desnuda, su pelo negro haciendo juego con sus ojos, sus labios rojos intensos contorneando una sonrisa picara.

- Sabes que este juego es peligro? No es bueno que te acuestes con la mujer de tu jefe.

- eso no es lo peligroso; lo peligroso es que él se entere. Ella se sonrió y lo miro fijamente a los ojos a él.

-¿Sabes que esto no va a durar mucho tiempo, él es muy celoso y cada vez me cuesta más escaparme para vernos? Sus ojos se cerraron y hizo un gesto de resignación.

-Lo sé, y cada vez que lo pienso, me duele el alma, ¿es un juego peligroso amar? 

-Lo peligroso no es amar, lo peligroso es a quien y en que momento! Otra vez sus ojos negros iluminaron el rostro de él. Ambos se fundieron en un beso eterno.

Cuando salio de aquel, recuerdo estaba a metros del banco de la plaza que lo esperaban. Busco entre sus ropas algún cigarrillo que aliviara su ansiedad, pero ya no había mas. Dejo caer como distraído un suspiro y se sentó junto a ella.

- Este es el final? Él pregunto no queriendo escuchar la respuesta.

Ella dejaba que el silencio hablara por ella y sus lágrimas adornaban aquella situación.

-Si, creo que sabe todo lo nuestro – su voz se entre cortaba por las lagrimas o por sus nervios- llego a casa, tomo su arma y salio sin decirme nada.

- Bueno eso es costumbre en él, que te hace pensar que lo sabe? En aquel momento ella saco de su bolsillo un bollo de papel y se lo dio a él. Él no entendía mucho que era, lo apoyo sobre su pierna y lo abrió, comenzó a estirarlo.

- Qué es? -Preguntaba asombrado, ella no decía nada -¿Es una foto? No podía ver la imagen de aquel papel, saco su celular y trataba de ver que había. Hasta que pudo ver la imagen de la foto. Eran ellos dos abrazados sentados en aquel banco de plaza. En aquel momento su corazón se acelero, su respiración se cortaba de tanto en tanto. En aquel momento ella comenzó a llorar sin consuelo y entre lágrimas tan solo le pido que diera vuelta la foto. Rápidamente dio vuelta la foto y leyó lo que estaba escrito:

- Él o yo. En ese momento, agacho la cabeza y la tomo con sus manos, trataba de buscar algún consuelo, pero no podía encontrarlo. Ella había parado de llorar y mientras secaba los vestigios de sus lágrimas le dijo:

- hace una hora que se fue, estaba enfurecido. Por eso llegamos hasta acá. No sé que decir y sé que tengo que elegir. -su voz se quebraba- Sabíamos que este juego era peligroso tanto que nuestras vidas estaban en juego. Pero los dos en nombre del amor seguimos jugando hasta hoy. No quiero que me mate, ni tampoco a vos, por eso hasta acá llegamos.

El silencio se apodero de los dos, ella miraba para todos lados, él tan solo miraba el suelo y en su cabeza una frase que se repetía hasta el cansancio – que voy a hacer-. Busco un momento de sosiego, y pregunto mientras se levantaba del banco:

- Y vos que elegiste? ¿Supongo que a él o no?

Ella cerro sus ojos y dejo caer un suspiro frío

- No, tampoco te elijo a vos… No sé cuándo volverá Pablo, pero cuando regrese yo no voy a estar más. Sus palabras eran frías.

- Entonces este es adiós? Dejo caer entre suspiro él.

-Si, te lo dije, que era peligroso este juego. En aquel momento ella se paro frente a él, él tan solo la abrazo fuerte e intento besarla en la boca, ella fría se negó. En ese instante el mundo de él se vino abajo como una torre de naipes, no podía entender la reacción de ella, ¿a dónde se había ido el amor que tanto pregono, se fue por el temor a la decisión de Pablo? Pensó.

- Por favor, no hagas esto más difícil de lo que es. – En aquel momento ella comenzó a llorar -Ándate, por favor! Ándate! Él no podía creer lo que pasaba, tan solo miro esos ojos negros manchados de lágrimas, se dio la vuelta y comenzó su marcha. Luego de unos pasos, escucho un disparo… todo se paralizo en el cuerpo de él, a metros ella lloraba… el cuerpo de él se desplomo sobre el suelo dejando caer el último suspiro… ella llego hasta él entre lágrimas, se arrodillo junto a él y le susurro en el oído:

- peligroso no es amar, lo peligroso es a quien y en que momento. Se levanto y se seco las lágrimas para luego guardar su arma. A pocos metros Pablo la esperaba para marcharse juntos….


El último reproche

—¿Una terrible consecuencia puede suceder? Ella le susurró al oído a Carlos. Él la miró con desconfianza y se apartó unos centímetros. Romin...