“Pero dos que se
quieren,
se dicen cualquier cosa”
-La hija del fletero-
Patricio Rey y sus redonditos
de ricota
-
¡Qué difícil sea hace escribir
cuando queremos hablar sobre el amor! Es que el amor y la muerte
comparten la
dimensión de lo inefable, y esa imposibilidad de la palabra para describir algo
del amor nos deja en un lugar de vaciamiento, tal vez por que el amor apunta al
vacío, ¡el amor es vacío!
La dimensión del amor es amplia, porque
el amor no es reductible, pese a los nombres cuantificables que suele dársele -te
quiero, te quiero mucho, te amo, te amo mucho- el amor no tiene medida ni
tampoco es a medida! “Si no hay amor que no haya nada entonces, alma mía no vas
a regatear!” nos dice el Indio en el tesoro de los inocentes.
El amor no es cuantificable, por
una sencilla razón, el amor es vacío; y acaso, ¿podríamos cuantificar el vacío? ¿Pero
por qué necesitamos cuantificar algo que no lo es? Porque simplemente, estamos
doblegados por la cultura, aquello que nos hace humanos, también nos cuarta en
nuestra libertad. Pero también es cierto, que esta forma de cuartar la libertad
es menor o bien, tampoco es que va a generar un grave problema en nosotros… ¿o no?
“Pienso en usted… … una lengua en
la que uno pudiera decir: amo en usted”
Aquí Lacan implica el pensar en el otro en relación con el amor. Cuando
pensamos en alguien es un modo de amar, porque el recuerdo de alguien se logra
porque el afecto -amor- deja una impronta en el Sujeto -individuo/persona-
porque esta aflicción es la base del vinculo mas primario y el necesario -junto
al deseo- para que un Sujeto se constituya como tal.
Si abrimos la puerta del amor,
dentro del aquel espacio puede tender a lo infinito y nuestra constitución es
finita, así de complejo y difícil es hablar sobre el amor. Voy a tratar de no irme
lejos, para circunscribir el tema de amor. Por esto el lenguaje nos ata a algo,
siempre estamos sujetados a la palabra para dar cuenta de algo que en sí lleva
un vacío, una perdida entre las palabras.
Cuando el amor aparece,
necesitamos de algún modo, circunscribirlo, tendemos a poder
limitar aquello que no tiene límites que es el amor, por eso se recurre al te
quiero como primer paso, como para poner de sobre aviso al portador del afecto
como una señal que hay que controlar lo más rápido posible, ¡porque el amor es
cosa sería! No hay diferencia entre un te quiero y un te amo, bah, su diferencia
en sí es gramatical y simbólica en el sujeto, para poner coto a una emoción
poderosa como es el amor. Pero en tanto afecto, ese te quiero y te amo, es
igual, porque es solo amor lo que colman esas palabras.
Usar palabras para hablar de
amor, es el intento que tenemos de metaforizar nuestras emociones, un te quiero
o te amo, es metaforizar lo que nos conmueve del otro. El amor es una metáfora que
pacifica las pasiones y cuando estas no se pacifican en la metáfora, ahí
comienza el Pathos, en tanto como aquello que nos enferma “de amor” o “por amor”…
El amor no tiene que ocupar el
lugar de borrar la diferencia entre dos, sino dejar paso a la posibilidad de
aceptar la diferencia del otro para que se juegue el orden del deseo; porque el
amor es metáfora y el deseo es metonimia, si logramos a través del amor dar el
vacío a la diferencia entre “nos” surge indefectiblemente el deseo, “transmitir
la falta que le da lugar al deseo de estar juntos… … Y el amor continua,
podríamos decir, fortalecido a partir de lograr transmitir esa imposibilidad de
completar al otro.”
Algo del amor escribí, pero aún
queda mas por contar sobre los “mal de amores” y “las pasiones irracionales del
amor”, en otro momento volveré a escribir sobre el amor, porque solo sentado
frente al vacío de la pantalla, el deseo de escribir, es deseo de amar a la
palabra, aún sabiendo que nunca va alcanzar…
Diego J. Degratti.
Textos: Seminario 20 “Aun” pág.
127. Lacan
“El amor es vacío” pág. 36-37.
Luis Darío Salamone.
