domingo, 6 de enero de 2019

Palabras de amor



“Pero dos que se quieren, 
se dicen cualquier cosa”
-La hija del fletero-
Patricio Rey y sus redonditos de ricota
-

¡Qué difícil sea hace escribir cuando queremos hablar sobre el amor! Es que el amor y la muerte
comparten la dimensión de lo inefable, y esa imposibilidad de la palabra para describir algo del amor nos deja en un lugar de vaciamiento, tal vez por que el amor apunta al vacío, ¡el amor es vacío!
La dimensión del amor es amplia, porque el amor no es reductible, pese a los nombres cuantificables que suele dársele -te quiero, te quiero mucho, te amo, te amo mucho- el amor no tiene medida ni tampoco es a medida! “Si no hay amor que no haya nada entonces, alma mía no vas a regatear!” nos dice el Indio en el tesoro de los inocentes.

El amor no es cuantificable, por una sencilla razón, el amor es vacío; y acaso, ¿podríamos cuantificar el vacío? ¿Pero por qué necesitamos cuantificar algo que no lo es? Porque simplemente, estamos doblegados por la cultura, aquello que nos hace humanos, también nos cuarta en nuestra libertad. Pero también es cierto, que esta forma de cuartar la libertad es menor o bien, tampoco es que va a generar un grave problema en nosotros… ¿o no?
“Pienso en usted… … una lengua en la que uno pudiera decir: amo en usted” Aquí Lacan implica el pensar en el otro en relación con el amor. Cuando pensamos en alguien es un modo de amar, porque el recuerdo de alguien se logra porque el afecto -amor- deja una impronta en el Sujeto -individuo/persona- porque esta aflicción es la base del vinculo mas primario y el necesario -junto al deseo- para que un Sujeto se constituya como tal.

Si abrimos la puerta del amor, dentro del aquel espacio puede tender a lo infinito y nuestra constitución es finita, así de complejo y difícil es hablar sobre el amor. Voy a tratar de no irme lejos, para circunscribir el tema de amor. Por esto el lenguaje nos ata a algo, siempre estamos sujetados a la palabra para dar cuenta de algo que en sí lleva un vacío, una perdida entre las palabras.
Cuando el amor aparece, necesitamos de algún modo, circunscribirlo, tendemos a poder limitar aquello que no tiene límites que es el amor, por eso se recurre al te quiero como primer paso, como para poner de sobre aviso al portador del afecto como una señal que hay que controlar lo más rápido posible, ¡porque el amor es cosa sería! No hay diferencia entre un te quiero y un te amo, bah, su diferencia en sí es gramatical y simbólica en el sujeto, para poner coto a una emoción poderosa como es el amor. Pero en tanto afecto, ese te quiero y te amo, es igual, porque es solo amor lo que colman esas palabras.

Usar palabras para hablar de amor, es el intento que tenemos de metaforizar nuestras emociones, un te quiero o te amo, es metaforizar lo que nos conmueve del otro. El amor es una metáfora que pacifica las pasiones y cuando estas no se pacifican en la metáfora, ahí comienza el Pathos, en tanto como aquello que nos enferma “de amor” o “por amor”…

El amor no tiene que ocupar el lugar de borrar la diferencia entre dos, sino dejar paso a la posibilidad de aceptar la diferencia del otro para que se juegue el orden del deseo; porque el amor es metáfora y el deseo es metonimia, si logramos a través del amor dar el vacío a la diferencia entre “nos” surge indefectiblemente el deseo, “transmitir la falta que le da lugar al deseo de estar juntos… … Y el amor continua, podríamos decir, fortalecido a partir de lograr transmitir esa imposibilidad de completar al otro.”

Algo del amor escribí, pero aún queda mas por contar sobre los “mal de amores” y “las pasiones irracionales del amor”, en otro momento volveré a escribir sobre el amor, porque solo sentado frente al vacío de la pantalla, el deseo de escribir, es deseo de amar a la palabra, aún sabiendo que nunca va alcanzar…

Diego J. Degratti.

Textos: Seminario 20 “Aun” pág. 127. Lacan
             
“El amor es vacío” pág. 36-37. Luis Darío Salamone.


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