lunes, 27 de enero de 2025

Sexualidad y política.


 

La sexualidad nada tiene que ver con la política, por más que se la suele utilizar para un lado u otro. El error más grande es pensar en esa dualidad de izquierda y derecha, asociando la sexualidad a un pensamiento político. La sexualidad es un devenir en el sujeto humano, que se va desarrollando por diversos fenómenos que se dan previo al nacimiento, durante la gestación y su posterior desarrollo. Incluso esta nunca se va a terminar desarrollar como si fuera un producto. La sexualidad es una manifestación del ser, son en sí inseparables. El ser es una construcción sin final, porque la muerte es solo el punto de final del ser, provocando que sea incluso y si existirá una eternidad, el ser seguiría siendo incompleto cómo la sexualidad.

La utilización de la sexualidad como banderas políticas -a favor o en contra- es parte de la historia de la humanidad, no podemos omitir esto. ¿Por qué se utiliza cómo bandera política? porque cómo mencioné anteriormente, la sexualidad es en sí una manifestación del ser. Por ende, la manifestación de la sexualidad es un modo formal de la libertad individual. Esa libertad del ejercicio de la sexualidad es apolítica, pero cómo la sexualidad es una parte fundamental del ser humano, se la utiliza solo y exclusivamente para intereses particulares para sostener el poder. además, que se utiliza la misma sexualidad para mostrar a una persona con ciertas características.

Hemos visto la recomendación a políticos de edad avanzada tener parejas más jóvenes y si además logran embarazar a la misma aumenta la idea positiva sobre él mismo, es asociar la figura de ese político cómo un hombre viril, fuerte, como ser poseedor de un deseo grandilocuente, que pese a su edad aún es un animal vigoroso. Cuando el político, no tiene hijos, ni pareja estable, la recomendación es que se muestre con diversas mujeres para dar una imagen también de un hombre viril. Claramente que, si esto se lo pidieran a una mujer que se muestre con diversos hombres, tal vez, la mirada sea diferente y no de forma positiva. El ejercicio de la libertad de la sexualidad en sociedades de tinte “machista” verán ese ejercicio en la mujer cómo promiscua, dando una imagen negativa. Claramente que la valoración positiva o negativa no es por las acciones o decisiones políticas, sino por el ejercicio de su sexualidad.

Lo que una persona decida hacer de su sexualidad es en sí un hecho personal, mientras logre ejercer su sexualidad de forma responsable sin lastimarse a sí mismo, ni a terceros, nadie tiene la autoridad de intervenir en ese ejercicio de la libertad personal. La ignorancia, desconocimiento y también intriga sobre la sexualidad hace del sujeto humano un cóctel explosivo. Es claro que utilizar la sexualidad para ir en contra o favor de diversas personas, solo comprueba una verdad, que la sexualidad es poder. Pero es ahí donde debemos separar lo público y político, de lo privado y la ética personal.

Son las políticas públicas sobre la información de diversos modos sobre el desarrollo sexual y la manifestación de la sexualidad que permite ir brindando el ejercicio de la libre elección, sin condicionamientos la posible que un ser humano pueda lograr ejercer responsablemente su elección sexual. Nadie convence a nadie de lo que siente en su interior.

El respeto por el ejercicio de la sexualidad de manera responsable permite una sociedad más sana y sin el desarrollo de odios. Cuando las mentes están enfermas, seguramente vean todo de manera enferma. No debe interesar si es de derecha o izquierda, si es heterosexual o homosexual, si es transexual o travesti, sino aceptar y respetar la condición humana y sus diferencias en la sexualidad cómo en todos los ámbitos, sin que sea un agravio, un daño para sí y terceros. La democracia y la libertad son elementos fundamentales para el ejercicio de la sexualidad sana de una sociedad determinada.


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