martes, 22 de enero de 2019

Apuntes del Alma.



“Y pensar que no va todo tan mal
sin embargo no puedo mirar
un maldito amanecer.”
Sin hilo - Las Pelotas.

Mientras leía libros sobre la temática que luego dejé plasmado, en la difícil terea de decir adiós, siempre tenía un pequeño libro al lado mío donde iba anotando frases o ideas que me generaban los textos y los dejaba ahí, porque tal vez podría usarlos en el momento de escribir. Tengo cierta fantasía de en algún momento pasar los apuntes a otro cuaderno, emprolijar la escritura, inclusive limpiar hasta aquellas “ideas” que no me gustan. Sin embargo, frente a esa fantasía de ordenamiento, algo adviene a mí y esa fantasía desaparece.

En este derrotero de libros leídos, tuve la felicidad de haberme encontrado con autores sobresalientes, y otros no tantos, pero que aún en su pluma débil algo me dejaron. Uno de los libros que me cautivó intelectualmente -otros me cautivaron el alma!- fue “fenomenología del Espíritu” de Hegel. Creo que es uno de los libros que hay que leer antes de abandonar este trip, tomarse el tiempo, la paciencia, con un cuaderno al lado ir a notando, dudas, preguntas, buscar definiciones y tantas artimañas más para lograr aprovechar profundamente este libro. Bien, quiero traer una cita de este gran libro; “La acción de la autoconciencia es sólo según uno de sus momentos una acción del deseo”, un concepto que sobrevuela la obra de Hegel es el de historicidad. El comentario nerd es, no es claro la traducción, para algunos el concepto es histórico, para otros historicismos. En Heidegger es más claro el concepto de historicidad. 

De todos modos, el concepto de histórico u historicidad es profundamente complejo y estoy a punto de cometer una aberración en hacer una síntesis brutal; la historicidad es la puesta de lo recorrido por el individuo, sujeto, persona, desde su nacimiento y todos los efectos – afectos agregaría yo- que alguien “vive”, “experimenta” como Dasein, es decir, aquello existido desde el nacimiento hasta el momento actual, la historicidad es una actualización simbólica de la existencia.

Y ya que nombramos al Martín –“Ser y Tiempo” uff, otro gran libro- nos deja escrito lo siguiente, “La comprensibilidad afectiva dispuesta del estar-en-el-mundo se expresa como discurso. El todo de significaciones les brotan palabras, en vez de ser las palabras las que, entendidas como cosas, se ven provistas de significaciones.” Cómo no amar a la sabiduría, si cuando te cruzás con estas genialidades hacen del saber un amor intenso. Y es el momento de citar nuestro héroe francés, Jaques Lacan, “todo uso del lenguaje, sea cual fuere, se desplaza hacia la metáfora, que no hay lenguaje más que metafórico… toda designación es metafórica”. ¿Y ahora qué? ¡Es el momento de agitar la coctelera y servir el trago!

Hay una diferencia abismal entre la terapia y el análisis, el primero tiende a la solución momentánea, en tanto el segundo, tiende al deseo de forma permanente. Bien nos dice Hegel, que esa “autoconciencia” es la capacidad de reflexionar sobre sí mismo y su saber – lo va a vincular con el saber, el objeto y el deseo- tiene que ver con el deseo. Deseo de saber más de uno, de la historia de uno, de qué soy. Por esto – y más- el psicoanálisis no es para cualquiera; más allá de las apreciaciones que Freud realizó en su momento para quienes era el análisis -cierto grado de intelectualidad era una de las condiciones- realmente quien quiere enfrentarse a saber quién es, tiene que haber un deseo de saber, ir más allá de lo que uno supone saber de sí mismo. Nuestra historia se construye cotidianamente con Otro y otros que nos van a influir, nos van a dejar algo en nosotros que se transcribe en palabras, como dice Heidegger esas palabras tiene que ver con el afecto de la existencia, con el estar-en-el-mundo, pero palabras que van más allá de la palabra misma. Por eso Lacan nos enseña que cualquier forma de lenguaje es metafórico porque ahí hay un construcción por ser descubierta y luego transformarla en una metáfora que nos vincule con el deseo de algo más allá de la palabra.

Somos un apunte, que Otro nos fue inscribiendo. Con intencionalidad a veces, y otras no. Con afectos intensos como el amor, pero también con angustia. Somos un apunte que no se trata de volver a transcribir lo que hay escrito en nosotros, sino aprender a leernos con nuestros defectos, y en la medida que aprendemos a leernos, tomamos aquello que nos es útil, y aquello que no lo dejamos ahí, a sabiendas que está ahí esperando por ser leído en algún momento de nuestro existir.

Diego Degratti

Textos: “Fenomenología del Espíritu” Hegel. Pag. 267.

“Ser y Tiempo” Heidegger. Pag. 202.

“Seminario 18” Lacan. Pag. 42-43.

Canción: Sin Hilo las pelotas. https://www.youtube.com/watch?v=CC4aCEMjvuc

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