“Y pensar que no va
todo tan mal
sin embargo no puedo
mirar
un maldito amanecer.”
Sin hilo - Las Pelotas.
Mientras leía libros sobre la
temática que luego dejé plasmado, en la difícil terea de decir adiós, siempre
tenía un pequeño libro al lado mío donde iba anotando frases o ideas que me
generaban los textos y los dejaba ahí, porque tal vez podría usarlos en el
momento de escribir. Tengo cierta fantasía de en algún momento pasar los
apuntes a otro cuaderno, emprolijar la escritura, inclusive limpiar hasta
aquellas “ideas” que no me gustan. Sin embargo, frente a esa fantasía de
ordenamiento, algo adviene a mí y esa fantasía desaparece.
En este derrotero de libros
leídos, tuve la felicidad de haberme encontrado con autores sobresalientes, y
otros no tantos, pero que aún en su pluma débil algo me dejaron. Uno de los
libros que me cautivó intelectualmente -otros me cautivaron el alma!- fue
“fenomenología del Espíritu” de Hegel. Creo que es uno de los libros que
hay que leer antes de abandonar este trip, tomarse el tiempo, la paciencia, con
un cuaderno al lado ir a notando, dudas, preguntas, buscar definiciones y
tantas artimañas más para lograr aprovechar profundamente este libro.
Bien, quiero traer una cita de este gran libro; “La acción de la autoconciencia
es sólo según uno de sus momentos una acción del deseo”, un concepto que
sobrevuela la obra de Hegel es el de historicidad. El comentario nerd es, no
es claro la traducción, para algunos el concepto es histórico, para otros
historicismos. En Heidegger es más claro el concepto de historicidad.
De todos
modos, el concepto de histórico u historicidad es profundamente complejo y
estoy a punto de cometer una aberración en hacer una síntesis brutal; la
historicidad es la puesta de lo recorrido por el individuo, sujeto, persona,
desde su nacimiento y todos los efectos – afectos agregaría yo- que alguien
“vive”, “experimenta” como Dasein, es decir, aquello existido desde el
nacimiento hasta el momento actual, la historicidad es una actualización
simbólica de la existencia.
Y ya que nombramos al Martín
–“Ser y Tiempo” uff, otro gran libro- nos deja escrito lo siguiente, “La
comprensibilidad afectiva dispuesta del estar-en-el-mundo se expresa como
discurso. El todo de significaciones les brotan palabras, en vez de ser las
palabras las que, entendidas como cosas, se ven provistas de
significaciones.” Cómo no amar a la sabiduría, si cuando te cruzás con estas
genialidades hacen del saber un amor intenso. Y es el momento de citar nuestro
héroe francés, Jaques Lacan, “todo uso del lenguaje, sea cual fuere, se
desplaza hacia la metáfora, que no hay lenguaje más que metafórico… toda
designación es metafórica”. ¿Y ahora qué? ¡Es el momento de agitar la coctelera
y servir el trago!
Hay una diferencia abismal entre
la terapia y el análisis, el primero tiende a la solución momentánea, en tanto
el segundo, tiende al deseo de forma permanente. Bien nos dice Hegel, que esa
“autoconciencia” es la capacidad de reflexionar sobre sí mismo y su
saber – lo va a vincular con el saber, el objeto y el deseo- tiene que ver
con el deseo. Deseo de saber más de uno, de la historia de uno, de qué soy. Por
esto – y más- el psicoanálisis no es para cualquiera; más allá de las
apreciaciones que Freud realizó en su momento para quienes era el análisis
-cierto grado de intelectualidad era una de las condiciones- realmente quien
quiere enfrentarse a saber quién es, tiene que haber un deseo de saber, ir más
allá de lo que uno supone saber de sí mismo. Nuestra historia se construye
cotidianamente con Otro y otros que nos van a influir, nos van a dejar algo en
nosotros que se transcribe en palabras, como dice Heidegger esas palabras tiene
que ver con el afecto de la existencia, con el estar-en-el-mundo, pero palabras
que van más allá de la palabra misma. Por eso Lacan nos enseña que
cualquier forma de lenguaje es metafórico porque ahí hay un construcción por
ser descubierta y luego transformarla en una metáfora que nos vincule con el
deseo de algo más allá de la palabra.
Somos un apunte, que Otro nos fue
inscribiendo. Con intencionalidad a veces, y otras no. Con afectos intensos
como el amor, pero también con angustia. Somos un apunte que no se trata de
volver a transcribir lo que hay escrito en nosotros, sino aprender a
leernos con nuestros defectos, y en la medida que aprendemos a leernos,
tomamos aquello que nos es útil, y aquello que no lo dejamos ahí, a sabiendas
que está ahí esperando por ser leído en algún momento de nuestro existir.
Diego Degratti
Textos: “Fenomenología del
Espíritu” Hegel. Pag. 267.
“Ser y Tiempo” Heidegger. Pag.
202.
“Seminario 18” Lacan. Pag. 42-43.
Canción: Sin Hilo las
pelotas. https://www.youtube.com/watch?v=CC4aCEMjvuc

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