domingo, 27 de enero de 2019

Esos pibes no sienten nada...



“Esos pibes no sienten nada
No sienten que se pueden morir
Y nada por vos”
“Indio” Solari- El callejón de los milagros.

Fue un poco complicado elegir la estrofa que anticipe un poco el escrito de hoy, dado que, hay varias canciones que mencionan de un modo u otro algo de la violencia, la agresividad, de esa pulsión tanática que está en nosotros y puede arrastrarnos a la barbarie.

No es un tema sencillo por escribir de forma sintética, porque la agresividad es un concepto amplio y que depende donde se este hablando adquiere una particularidad o una definición determinada. Cuando me iba formando como psicólogo, uno de los test que aprendí administrar fue el PMk (Psicodiagnóstico Miokinético) una técnica bastante precisa para observar como una persona “controla”, “maneja” su “quantum de agresividad”. Dentro de los test proyectivos (aquellos donde se dibuja) una línea muy marcada o intensa en el gráfico puede ser leído como “energía” o “agresividad”, dependerá dentro del contexto que este dibujado. La agresividad está vinculada a la sexualidad, y como lo mencionado anteriormente también tendrá sus correlatos respectivos. Penetrar implica necesariamente ejercer una “fuerza”, una “presión” sobre otro cuerpo. Esa fuerza esta vinculada a la agresividad. También esta vinculada a situaciones “de reacción” para describirlas de algún modo, ejemplo, si yo me caigo hacia adelante y antes de que mi cuerpo se estrelle contra el piso, poner rápidamente las manos para frenar el golpe tiene que ver con el manejo de esa “agresividad”.

Hoy quiero circunscribir el tema de la agresividad a la adolescencia, por que, sin lugar a duda, donde más se manifiesta la agresividad es en dicha etapa. El adolescente vive a flor de piel la agresividad, porque la misma es parte de la formación psíquica, Freud nos habla de un masoquismo primordial, es decir una agresividad vuelta hacia la misma persona. Lacan, en la teoría del espejo, nos recuerdo esa tensión agresiva que vive el infans frente al otro que ve como total. Pero a esa tensión interna, esa agresividad brutal que nos brota por los poros, no tan solo se va doblegando con nuestro desarrollo psíquico, nuestras herramientas simbólicas que iremos desarrollando con el transcurrir de la existencia, sino también el medio que nos rodea nos facilitará o no medios para transformar esta agresividad innata en nosotros.

Nietzche escribe, “La crueldad es el remedio del orgullo herido”, la crueldad es la expresión máxima de la agresividad puesta en juego. Hay adolescentes crueles, y algunos son crueles sin saber que hay en juego en esa crueldad, pero remite un peligro letal, la muerte.  A comienzo de este año, nuevamente se quiso instalar la edad de imputabilidad frente a los hechos delictivos, principalmente donde son hechos de sangre. Pero ¿es el adolescente “consciente” de su “asesinato”? ¡En qué tema me metí!
En unas líneas de Nike es tu cultura, el Indio Solari describe lo siguiente: “Operarios con salarios, de miseria. Diras, ¿Qué importa eso...Tengo trece, quince años... Las Jordan's son para mí”, la primera vez que escuche está canción, me remitió a mi adolescencia. En aquel entonces jugaba al básquet y la NBA era nuestros modelos, Nike o Reebok eran las zapatillas para jugar “bien”, la realidad que en ese momento solo quería tener un par de zapatillas sean de algunas de esas marcas para “pertenecer” a un grupo, si importarme su valor, tan solo era querer ese producto. En ese momento no tenia la “consciencia” de lo qué costaban esas zapatillas, pero no tan solo su valor comercial, sino lo que afectaba en la economía de la familia y siendo parte de una familia numerosa implicaba para el resto de mis hermanos. La situación de no acceder fácilmente a un par de zapatillas me generaba frustración, bronca, ira, de por qué no podía tener tal o cual zapatilla, suerte la mía que mi viejo era conocido del dueño de la casa de deporte y que me compraron un par de zapatillas que usaba para jugar los días de partidos. Sin embargo, sentía esa frustración que se traducía en odio al “no poder tener”, el odio es el sentimiento que cuando se mezcla con la agresividad, lo letal toma mas fuerza.

Un adolescente que se desarrolla en un contexto donde la falta económica, la ausencia de posibilidades, más padres violentos, no puede generar más que alguien que se siente herido en su orgullo, como nos dice Friedrich. Ese adolescente que crece a la intemperie de la violencia intrafamiliar y social no va a tener la menor consciencia de sus actos, en tanto, saber porque lo realiza. Se transforma en un autómata que solo ira por la delincuencia, para tomar lo que no puede tener, inclusive puede asesinar, porque su existencia esta condenada de antemano a la crueldad, por ende, no podemos pretender que él reflexione en su accionar. Sin embargo, no pretendo justificar en absoluto la acción de delito cometido, Slavoj ZiZik dice, que todo delincuente tiene una historia triste, pero no por ello podemos justificar su accionar.

Otro peligro es cuando el adolescente no puede manifestar su agresividad de modo alguno, sino que la misma pareciera crecer en su interior esperando ser resuelta de un modo letal, el suicidio suele aparecer al adolescente un modo de tramitar su agresividad, frente a la inhibición de los medios para expresarla hacia fuera, esa agresividad solo puede ser tramitada contra él mismo. Pero como escribe Manuel Arranz, en el prólogo de “La Muerte” de Vladimir Jankelevitch, “a los veinte años puede uno quitarse la vida, pero no pensar en la muerte, y tal sea esta la razón de los jóvenes suicidas: no piensan lo suficiente en la muerte.” No podemos desconocer que la agresividad está en nosotros desde el momento que nos constituimos como sujetos, personas, individuos y vamos con ella hasta el último aliento de vida que nos queda.

Podría escribir mucho mas y ampliar más aún mucho de estos párrafos escritos, pero intento ser breve, pero no ha sido posible. Hay una salida que pacifica a la agresividad en nuestra existencia, primero reconocer que ella nos habita, que esta al servicio de uno mismo en cualquier instante. Segundo, no juzgar a la agresividad, ella no es buena, ni mala, ese valor moral estará brindado por el contexto y dentro de donde se desarrolle. Entender que en la medida que acompañemos el desarrollo del infans hasta la adolescencia, brindando herramientas simbólicas (la palabra como fundamental) la agresividad va a tener medios mas apropiados para manifestarse. Escuchar a un adolescente cuando esté esta desbordado, tanto en su accionar como en su silencio, porque lo letal de la agresividad se puede desencadenar.

Me quedo con ganas de escribir mas sobre la adolescencia y la agresividad, seguramente será parte de otros escritos, porque siempre va a faltar algo y ahí donde falta, se genera el deseo. Y donde habita el deseo habita la existencia…

Diego Degratti

Textos: Nietzsche Friedrich. “Fragmentos Póstumos Volumen II”
            
 Slavoj Zizek “En defensa de causas pérdidas”
             
Vladimir Jankelevitch. “La Muerte”


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