Justo en ese instante, su mente recordó, que no podía irse de aquel modo.
Camino hacia atrás, unos cuatros pasos, y se sitúo frente a la puerta, sus ojos podían atravesar aquella puerta de madera de roble bien adornada.
Su duda era golpear o tan solo entrar... una pequeña gota de sudor nacía de su frente representando aquella situación.
Su mano tomó el picaporte, y lentamente lo giro... suavemente abrió la puerta, y como un ladrón entró sigilosamente a aquella morada, que minutos antes había abandonado. Sus ojos eran dos radares que cuidadosamente observaban aquel entorno que le era tan familiar. Sus pasos celosamente rozaban el suelo de madera... abrió su boca y dejó caer unas palabras... dónde habrá ido...
Lentamente cerró la puerta, tal vez no quería sorprender a nadie, pero aquella actitud solo hacía afirmar aquello que no quería hacer. ¿Volvió sobre su paso que había olvidado antes, aún frescos, nuevamente preguntó para sí... donde estará?...
Miro aquella escalera poco iluminada, y sus pasos seguían los rastros húmedos que había dejado minutos antes de dejar aquel lugar. Se paró frente a la escalera, contó cada peldaño,
-13 peldaños, será de mala suerte- comentó hacia dentro.
Miró a su entorno, tratando de ubicarse, será la opción correcta, las escaleras...
Nuevamente la duda, aquella que había extraviado en algún momento. Tomó aire y comenzó a subir por las escaleras, muy lentamente daba cada paso, su vista se había posado sobre el final de las escaleras y en su cabeza aquella pregunta.
-¿Dónde estará?
Faltando tres peldaños para el final de aquella escalera, se podía escuchar tímidamente el sollozo de alguien. Por un instante el joven se detuvo,
-Será ella? ¿Qué pasa qué está llorando? ¿Se habrá dado cuenta de todo?
Aquella situación, lo hizo dudar nuevamente, volvió tres pasos hacia atrás, y su cuerpo por aquel instante tembló. El joven tomó su cabeza con sus manos y las lágrimas brillaban en sus tristes ojos. Lentamente se sentó sobre la escalera.
Intentaba poder descifrar lo que la mujer decía entre sus sollozos, pareciera que las palabras de ella retumbaban en su cabeza, sin embargo, no podía dar cuenta de su triste decir.
-tengo que enfrentar la situación, no puedo irme porque si, sin nada, tengo que hablar con ella, tiene que entenderme...
Tomó un poco de coraje y se levantó, nuevamente comenzó a subir por los peldaños de aquella escalera, pero su paso era lento, pesado. A cada peldaño, aquel sollozo era más intenso en su cabeza. Los nervios cruzaban por todo su cuerpo, empapado en un leve sudor frío.
Había llegado al último peldaño, y observó aquel pasillo, dividido en dos por la escalera. Tres puertas a su izquierda y dos a su derecha.
-¿Dónde estará? El joven se preguntó.
Aquel sollozo cruzaba el pasillo como un viejo eco perdido en la voz de una pobre mujer traicionada. Él sabía que era el único culpable de aquella situación.
Observaba con detenimiento cada puerta blanca de aquel pasillo, todas ellas bien cerradas, como ocultando celosamente un secreto a medias o tal vez un secreto de a dos.
Si la duda nos deja a la deriva de la decisión, cinco dudas era un abismo difícil de cruzar. El joven respiró profundamente, y giró hacia la derecha en busca de aquellas dos puertas, ambas enfrentadas como las dudas del joven.
-estará aquí o allí? El joven en el medio de dos puertas, optó por la más cercana a su mano, aquella que estaba delante de él. Lentamente abrió la puerta, mientras que su cabeza intentaba ir metiéndose por el hueco que la puerta dejaba tras sí en movimiento.
Apenas el joven casi podía pasar su cabeza por aquel vacío, fuertemente se abrió una de las puertas que estaban del lado izquierdo. Aquel sonido lo asustó al joven, giró sobre sí y vio a la joven Natalia bañada en lágrimas y con sangre en su ropa.
Aquella imagen lo dejó atónito, pálido, inmovilizado...
-¿Qué hiciste? ¿Qué pasó? El joven atino a decir.
La joven entre sus lágrimas y maldiciones, fugazmente llevó su ser hacia la escalera, bajándolas rápidamente.
-¿Dónde vas? ¿Decime que hiciste? Ramiro increpaba a la joven, y aceptó seguirla.
-porque me hiciste esto? Repetía la joven entre lágrimas.
-fue todo muy confuso, no sabía lo que estaba haciendo. El joven trataba de justificar algo, de aquello que había lastimado cruelmente a Natalia.
La joven corría por la casa, dejando huellas de sangre por doquier. Ramiro la seguía tan cerca como podía.
-Natalia que hiciste? ¿Estás bien? ¿Decime que hiciste? Ramiro intentaba saber de dónde provenía aquella sangre de la joven.
Natalia llegó hasta la cocina y torpemente cayó sobre el suelo, y el ruido a metal rodó por la cocina, un cuchillo manchado en sangre golpeó contra una silla.
Ramiro la vio tirada en el suelo, con sus manos ensangrentadas y a poco de ella aquel cuchillo.
-Natalia que hiciste? No vale la pena hacerte daño, por lo que hice. Ramiro sabía que su confusión había contagiado a la joven.
-porque me mentiste todo este tiempo? ¿Por qué me lastimaste de ese modo? Natalia gritaba en la cocina.
Ramiro se acercó hasta ella e intentó levantarla; en aquel instante la joven se paró rápidamente y corrió hasta el cuchillo. El joven se quedó inmovilizado, en cuclillas frente a ella; ella sentada con el cuchillo en la mano. Aquel instante cristalizó las penas y el dolor de ambos.
-me dijiste que me amabas? ¿Que jamás me lastimarías? Y ahora esto. Natalia miraba fijamente el cuchillo, y su dedo celosamente contornear el filo.
-No sabía cómo decírtelo, fue todo muy confuso para mí, ella no tiene la culpa de nada, yo fui quien la busco... Ramiro no pudo contener mas las lagrimas y comenzó a llorar.
-ya es tarde... y ahora qué... murmuró Natalia.
-intenté no lastimarte, pero se me fue todo de las manos, no sabía cómo hablar con vos y terminar esta relación que no iba más, que ambos perdimos lo que en algún momento nos unió. Ramiro aún seguía confundido, no podía entender lo que sucedía; Natalia casi inmóvil, mirando fijamente el cuchillo y sus lágrimas que llevaban las manchas de sangre en su triste rostro.
-no quiero que te preocupes, yo ahora me voy... me voy para siempre, no quiero lastimarte mas de lo que te hice, no te preocupes por mis cosas, que ahora las recojo y me marcho. ¿Tan solo te pido que me digas que hiciste? Ramiro sabía que su suerte estaba echada.
-Y ahora qué? Que voy a hacer... Natalia repetía incansablemente una y otra vez.
Ramiro se paró y comenzó a acercarse hasta donde estaba Natalia,
-Natalia estás bien? Ramiro preguntó entre congojas.
- Ahora que hago... Natalia se preguntaba.
El joven llegó hasta ella, y se sentó muy cerca de ella, extendió su mano para sacarle el cuchillo, de pronto Natalia se levantó y comenzó a correr. Ramiro no entendió la reacción de la joven, y comenzó a perseguirla.
Natalia había subido velozmente las escaleras y de un suspiro entró a la habitación que minutos antes había dejado atrás. Ramiro tan solo vio como ella desaparecía.
-perdóname... sé que me equivoque, pero decime que hiciste?
Ramiro volvió a preguntar a Natalia, pero ella no respondió. Nuevamente el joven comenzó a subir por las escaleras, mientras escuchaba los gritos de Natalia:
-Porque me hiciste esto! La joven gritaba sin compasión alguna a su dolor.
Ramiro llegó hasta la cima de las escaleras, y un fuerte escalofrío recorrió todo su cuerpo, un fuerte dolor en su pecho lo detuvo por unos segundos. Y de golpe su cuerpo se desplomó sobre el suelo.
-Natalia! Natalia! Gritaba Ramiro.
Ella solo seguía con sus reproches, con su llanto sin consuelo. Un fuerte dolor invadió el cuerpo de Ramiro, lentamente comenzó a arrastrarse por el piso, intentando llegar a la habitación donde estaba Natalia.
-Natalia! Natalia! Necesito ayuda, no sé que me pasa... por favor veni... El joven no podía controlar su dolor.
Ramiro seguía arrastrándose por el piso hasta llegar a la puerta de la habitación, aquella imagen lo decía todo...
-Y ahora qué hago... tu traición fue tan fuerte como tu amor...
y ahora esto... Natalia repetía entre lágrimas sentada al costado del cuerpo muerto de Ramiro.
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