miércoles, 4 de octubre de 2023

"La jaula"



"La jaula"

Cierto día, alguien me regaló una jaula con un pájaro.

-Mira, te doy esto porque cada vez que voy a tu casa, está todo en silencio, le falta como más vida, así que cuídalo!

-Esta bien! y cómo se llama? ¿Qué cuidados tiene?

-Pone el nombre que quieras, y podes aprender a cuidarlo cómo quieras!

Ahí estaba, la jaula -mediana, no muy grande, ni muy chica, tal vez cómo la cárcel perfecta- dentro aquel pájaro de belleza sutilmente exótica y yo mirando fijamente.

-Para que mierda acepte! Y ahora cuidar este pájaro!! Mis pensamientos giraban ahí, en la jaula y el nuevo compañero. 

Así pasó el día, yo sentado frente a la jaula y a mi nuevo compañero, lo escuchaba cantar, lo observaba volar de un lado a otro de la jaula. Por momentos mi mirada dejaba al plumífero y miraba el cielo desde mi ventana y sentía esa inmensidad en mi ser.

-Sabrá este pequeño pajarito de esa libertad tan inmensa? ¿Sabrá volar con el viento en contra? Bajo la lluvia? Qué sabrá este pequeño… ahí dos seres tan distintos pero en algún lugar tan iguales.

Los días se sucedían, él me brindaba su canto y sus aleteos, yo cumplia con el alimento y el agua; solía dejarlo cerca de la ventana como para que viera todo aquello que jamás podría tener, o bien yo creía que no podía tener. Me iba y cómo si supiera que por un tiempo me ausentaba, me regalaba una bella canción, una melodía que tarareaba camino al trabajo. Cuando mi trabajo era un poco tedioso recordaba la melodía y algo dentro de mi se tranquilizaba. De vuelta en casa, mi compañero cantaba más intensamente y volaba con agilidad de un lado al otro de la jaula, como dándome la bienvenida. Preparaba mi cena y me sentaba frente a la jaula; y el pequeño turaco se quedaba inmóvil frente a mi, observando cenar, grácilmente solía mover la cabeza de lado a lado, y cuando yo le decía algo, automáticamente se “picaba” el pelaje, tal vez cómo decirme, ah! mira vos…

Así eran nuestros días, casi como un contrato, mis mañanas y noches eran decoradas con el canto meloso y el vuelo de mi compañero, en tanto yo, le daba de comer, de beber, en sí, lo protegía, era un modo de mostrarnos afecto. Un día me llamó aquel que me había regalado el pequeño Turaco.

-Y querido? ¿Viste lo que es?

-¡La verdad si! hacemos una buena compañía el uno al otro, mi casa se ve de otro modo, mi vida tiene otra forma, gracias!

Así eran nuestros días, desayunaba unos mates frente a la ventana, mientras él cantaba y volaba de tanto en tanto. Me marchaba y dejaba su mejor canto como una despedida, regresaba y el festejo de sus aleteos eran los abrazos que me entregaba. Un domingo me desperté, más temprano de lo habitual… prepare mi desayuno… llegue al living dejando todo sobre la mesa… corrí las cortinas, abrí de par en par las puertas de mi balcón… ese sol de primavera, que sabe cómo golpear correctamente… y ese inmenso cielo tan celeste… Puse en la mesa la jaula con mi compañero; él cantaba como si fuera su primera vez. Lo miraba fijamente, mientras sostenía un mate en mi mano; de tanto en tanto, él volaba de un lado al otro de la jaula. Fue un instante, y el pequeño pájaro se posó en su percha. Lo mire, me miro, nos miramos…

-Cuál fue tu libertad? ¿Qué fue lo que pudiste elegir? susurré entre mis dientes, mientras él movía su cabeza de lado a lado como queriendo escuchar aquello que había dicho.

-Ahí está la libertad soñada -señalaba el cielo que acechaba mi ventana- ahí todos somos un grano de arena! ahí solo se puede sentir! el susurro quedó atrás y mi voz era más sutil, pero aún guardaba cierto temor…

-Me imagino; que de una jaula a otra te han pasado, maldito ser humano! maldito hombre! Quien es capaz de privar la libertad! quien es tan cruel de cortar el vuelo de la libertad, quien más, que el mismo hombre! mi voz en aquel momento era intensa, tanto que él, voló contra la reja de su jaula, como si quisiera decirme algo.

-En este tiempo, te di mi afecto, te di lo que mejor puedo darte y tú en tu encierro me diste lo que mejor podrías darme? ¿Puedo alguien encerrado dar lo mejor? ¿Puede alguien que no conoce la libertad dar lo mejor? en ese instante mi aliento se aceleró y el corazón golpeó fuerte contra mi pecho; él con más fuerza golpeo contras las rejas de su jaula, nuevamente. Me abalance contra la jaula, tomándola con furia, mire en lo profundo de esos ojos negros..

-¡No soy yo, quien te retenga! no puedo ser de esos tipos, a los cuales siempre critique; no soy tu dueño, tan solo puedo darte aquello que aún no conoces, tu propia libertad! En ese momento abrí la jaula dejando la puerta hacia la ventana y tan solo grite:

-¡Eres libre, eres libre!

Entonces aquel pájaro como si hubiera esperado ese momento, salió ferozmente de su jaula, mis ojos brillaban, mi sonrisa explotaba y a viva voz gritaba:

-¡Eres libre, eres libre!

El pequeño pájaro comenzó a volar en redondas en el living, mientras cantaba fuertemente; yo volví a gritar:

-¡Eres libre! Eres libre!

Era feliz en ese instante ver cómo aquel pájaro volaba libremente y cantaba, estaba a poco de escapar por mi ventana y vivir en libertad… Era tan feliz en aquel instante…

Pero de pronto, su canto se apagó y con velocidad volvió a entrar a su jaula… Si hubiera tenido manos, seguramente hasta hubiera cerrado la puerta de la jaula… sus patas agarraron con fuerza los barrotes de la jaula.. Mi sonrisa de golpe entristeció… mi corazón se quebró fácilmente y me desplome en mi silla… 

Miraba la jaula con la puerta abierta, el pequeño pájaro agarrado a los barrotes de su jaula, con una mirada triste, -una mirada de temor?- por lo menos era lo que yo sentía… Pasó un tiempo de ese modo, cómo si alguien hubiera puesto pausa a la situación… luego de tomar mi desilusión entre mis manos, tal vez casi como tirándola por la ventana de mi balcón, cerré la puerta, corrí las cortinas, gire esperando ver al pájaro salir de su jaula, sin embargo, seguía ahí, agarrado a su jaula… No me dejó más alternativa, cerré tristemente la puerta de la jaula…

En ese momento, el pequeño pájaro se montó en su percha, acurrucandose sobre sí mismo, agacho su cabeza, quedando inmovil. Yo respiré profundamente, cerré mis ojos y una lágrima corrió por mi mejilla. Esa noche, no hubo cantos, ni vuelos felices; la mañana siguiente fue igual. Tome la jaula, mire fijamente al pequeño pájaro y le susurre:

-Puedo enojarme contigo? Si tu no sabes lo que es la libertad? Puedo enojarme contigo? Si no sabes vivir de otro modo más que encerrado en tu jaula. Tal vez, quise algo más, algo mejor para tí, tu libertad, pero tú no sabes que es, o bien piensas que tu libertad está dentro de esa jaula… 

Camine unas cuadras y entré al petshop que quedaba de paso a mi trabajo. Le dije al vendedor que no podía hacerme cargo de aquella ave; el vendedor intentó que yo cambiase de opinión, pero no hubo caso, me marché de ahí con mi ser a cuestas…

Cuando salgo a mi balcón y veo la inmensidad del cielo, pienso que fue lo que tanto lo atemorizó… Paso por el petshop, y suelo verlo en la ventana cómo vuela de lado a lado de su jaula, inclusive hasta canta nuevamente… Miro al cielo tan inmenso y pienso… Yo elijo la libertad de mi soledad, aquel pájaro eligió la esclavitud de lo que único que conoce, su jaula...en algún tan parecida a la mía…

 

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