miércoles, 22 de marzo de 2023

"Je t´aime" (segunda parte)


La vida continuaba, ambos habían comenzado a frecuentarse,  Ella tenía que coordinar sus horarios, entre sus hijos, su trabajo y su militancia política. No era de esas mujeres que están en un partido político y van con sus banderas a todos lados; ella era de esas mujeres que hacen política con sus actos. Y se lo había dejado en claro en unos de sus primeros encuentros. Agustin tenía una vida más a contramano  que del resto, sin hijos, sin perro que le ladre y su trabajo era en un bar, era el dueño de ese tugurio; quedaba en esa zona de casas bajas entre Barracas y Constitución. Es un poco complicado cuando vivís y trabajas en el mismo lugar, porque no entendes que es lo, que es! Es una historia larga, pero había heredado ese antro de su padre que lo había ganado en una carrera de burros o al menos eso le contaba su viejo y con la frase “ Y después dicen que los vicios son malos!”

-Sabes? Anoche entro al bar un ruso negro! Agustín comenzó a reírse, pero era el modo en que él quería salir de la situación que se había generado minutos antes. 

-¿Te das cuenta? Cada vez que peleamos, salís con algo de ese bar de mierda! Ella estaba cansada ya de esas respuestas evasivas de él.

-Me jodes?! -lo dijo cómo asombrado- ¡te pareces a mi vieja boluda! Sin dudar, afirmó. 

Por unos segundos, cómo aquellos que habían experimentado en su primer encuentro, volvía a tirar una moneda al aire. cara-cruz… cara-cruz… cara-cruz… 

-Será así el amor? desencontrarse sin saber por qué. Él pensaba en cada segundo.

-Este tipo, no se da cuenta de lo que quiero? ¡No es tan difícil saberlo! Dios! Ella ronroneaba para ella, entre segundo y segundo. 

-  Brenda ya te dije que no me interesa las peleas! ¡Mi vieja le quemó la cabeza a mi viejo con eso del bar! Descargo sin respirar, de todos modos él ya no sabía porque habían empezado a pelear.

- ¡A mí no me digas boluda! ¡Nunca más!  Ni me hablas de ese bar de mala muerte y menos me compares con esa vieja que te traumo! Brenda no soportaba cuando él se manejaba cómo un estúpido. Era difícil para Agustin dar cuenta de lo que había hecho para que ella se enojara, era bastante desatento con muchos de sus gestos hacia ella. Criado bajo el ala de una madre muy protectora y un padre que le dejaba hacer lo que quisiera,la combinación daba un egoísta, pero él tenía momentos de egoísmo pero de esas actitudes que no las ve cómo tal, las vive cómo si estuviesen bien, bah, que fuera normal. 

-Bueno, perdón! -con un nudo en la garganta le había respondido- a veces no sé, que hago o  que te digo y a vos te saca! Te dije que a veces soy bastante boludo, pero no por intencionalidad, sino por naturalidad! No era sencillo para él asumir sus modos, se había recibido dentro de un bar cómo persona con un master en las calles de constitución. Sabía discriminar la hija putez de lo bueno, pero le costaba dar cuenta que hay boludeces que son evitables. 

-¡No se trata de perdón Agustin! Se trata de que empieces a darte cuenta de cómo me tratas, pareciera que no me amaras y yo a esta altura de mi vida, no estoy dispuesta a tolerar bo-lu-de-ces de na-die! Ella estaba cansada, no de él sino de su propia historia que por momentos era un deja vu de situaciones densas que le costaba despegar de la ingenuidad de él, de esos bache negros que había vivido antes.

Cara-cruz… cara-cruz… cara-cruz… esa maldita moneda viajando en el vacío, esos malditos segundos que los atraviesa, es dejar todo ahí, dar cuenta que hay algo que el otro jamás nos dará. Animarse a cambiar la historia, no de ambos, sino la historia propia de uno que es más difícil que cambiar tal vez al otro. Pero si me ama, me ama con mis defectos? Nadie es perfecto, lo que hace el amor, es ocultar las imperfecciones del otro… y cuando nos damos cuenta de ellas, el amor se terminó?

Cara-cruz… cara-cruz… cara-cruz….

Los dos se miraron llenos de odios, ella siempre era de armas tomar y fue hasta donde estaba él; él venía viendo cómo se le avecinaba una tromba blanca, no pudo más que saltar de donde estaba sentado y enfrentarla. Su metro y tantos centímetros se plantaron frente a él, desafiante, con aires de grandeza. Ella enojada era tan intensa que el núcleo del sol era hielo a su lado, ese ardor que emanaba de ella era cruel y a la vez sublime. Alguna vez vieron el centro de unas leñas quemándose, hay una luz intensa, blancos, rojos y azules majestuosos, encandilantes, sobermientente bellos y que vos deseas intensamente meter la mano ahí, tocar lo intocable de la existencia, así era ella en esos momentos. Era todo o nada! A veces el amor no es gesto sutil, sino que necesita de esa intensidad, saber que uno existe, sentir cada vena del cuerpo, que te falta el cuerpo para sentir todo lo que te atrapa en ese instante… Ahí es cuando creamos la idea de Dios… en la imposibilidad de sentir, tan intensamentes iguales pero lo que vendrá es lo más cercano a una experiencia mística, elevarse a la eternidad sabiendo que tendrá un final… 

Cara-cruz… Cara-cruz… Cara-cruz…

Se miraron fijos a los ojos, sus corazones latian al mismo ritmo… su respiración casi entrecortada, profunda y por momentos desprolija… las mismas sensaciones que habían sentido en su primer encuentro donde las pieles se fundieron. 

Brenda se abalanzó sobre él; él no pudo más que sujetar y levantarla… ella estrelló su boca contra la de él… los brazos de ambos eran helechos recorriendo una pared, buscando en cada centímetro donde penetrar, entrar en la piedra para seguir recorriendo… Sus lenguas luchando por dejar más huellas, que marcas… era una lucha injustamente bella, un frenético abrir y cerrar de ojos brutalmente coordinados, lo suficiente para ver cómo cierra los ojos y estalla de placer… Vieron que existe Dios, es en ese instante… Se habían trenzado profundamente, cómo tantas veces antes… en su piel habitaba una hermosa respuesta a los desencuentros, sabían que ahí ganaban perdiendo los dos… él era un obsesivo de la piel de ella, cómo un perro buscando un rastro la olía y babeaba buscando encontrar el paraíso… ella era un temblor constante frente al sabueso que recorría su piel, ella apretaba fuerte con sus piernas para marcarle el camino… Maldito el momento en que uno entendió que perderse en el cuerpo del otro es el peor de los pecados y el que más vamos a cometer!! No queda otra que amar el infierno de tamaña lujuria…

Ella tenía una forma en particular de dejarlo en otro plano a él,  a ella le encantaba verlo a él ir desprolijamente sobre su cuerpo y con movimientos sutiles, profundos ella le mostraba el camino a recorrer. Esa sincronización brutalmente inexplicable… entrar en lo más íntimo del otro, saciarse vulgarmente entre cada rincón de su cuerpo, entrar dentro del otro y sentirse uno. Esos cuerpo malditos que luego tiene que habitar un cuerpo separado del otro… 

Cara- cruz.. la moneda gira en el vacío del tiempo… Cara-cruz… elegir entre la perdición o la condena… Cara-cruz… será real??

continuará...


 


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